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Remember me (Carta de amor de Sinatra a Ava Gadner desde Torremolinos)

Dear Ava (Querida Eva):

No me gustaba este país porque me alejó de ti tanto… Realmente me traía al fresco Franco aunque le llamara rata públicamente y todas esas cosas merecidas. Y es que en esta tierra de fuego, lo mejor para el calor fue tu boca. Tu eras el animal más bello jamás pensado pero andabas empeñada en seguir buscando y buscando en el fondo de todas las botellas, tampoco soportabas los rigores del cine y yo un poco por haberte perdido a ti y un poco por mi rebeldía innata acabé odiándolo también. Sentías pavor de dormir sola y entre nosotros estaba todo el Atlántico de por medio, no te culpo por ello. Lo habrías dejado todo por una fiesta en esta tierra de las noches de azufre y yo si hubiera podido seguirte la pista también. Un país ajado pero rebelde de alegría espontánea en su miseria que me hubiera gustado borrarlo del mapa sólo por envidia, porque te tenía a ti y te hacía tan feliz, y yo no. Me hubiera conformado sólo con ser uno de los mosquitos de tu alcoba cada noche pero me quedé en un mal detective de tus andanzas.

Recuerdo que cuando el verano tocaba a su fin de 1964, ¿era septiembre? –sí, era septiembre porque en septiembre era el mes en el que nos conocimos y yo nunca lo olvidé el resto de mi vida–, tuve que ir a rodar la película de Mark Rozson para la Twenty Century Fox a Torremolinos, en el Sur de España. La película era Von Ryan Express. Me alojé en un hotel llamado El Tiburón ¿o era el Pez Espada? Eso es, el Pez Espada. Era un lugar increíble, muy bonito, un hotel con todas las comodidades, entre pinares y villas como motitas de sal a la orilla del mar –recuerdo que nada más llegar me bebí dos botellas de Campari– su piscina con forma de riñón y su empedrada pista de baile reverberaban con las últimas luces de la tarde. La vegetación y el clima me recordaban mucho a Miami y las camisas de flores de algunos turistas. No pude evadirme de tus recuerdos pese a que ya habían pasado muchos años desde que alargábamos las noches infinitamente en la mansión de Madrid, a golpe de despilfarrar dinero con aquellos amigos tuyos del flamenco.

Y eso fue lo primero que escuché nada más bajar de la habitación de aquel hotel, un cantaor bajito y orejudo desgallitándose al fragor del baile de un bailaor espigado gitano de nariz superlativa y que según luego me dijo en un español más extraño que el mío se llamaba Carrete. Aquel bailaor de tez morena, pelo ralo y largo me contó una historia extraordinaria que le ocurrió con una mujer muy conocida en Santa Mónica, Laura Levi, hija de una familia judía muy adinerada, patinadora artística que había sucumbido a sus encantos como bailarín en España y con la que se había casado incluso ante la Torá, sin entender una sola palabra de inglés, en Santa Mónica. Aquel hombre escuchimizado de regalarle su amor y su pasión todas las noches acabó desquiciado y tirándole un zapato a la cabeza con la mala suerte de dejarla inconsciente. Por aquel incidente temió verse entre rejas en Alcatraz y en el primer avión que salió ese mismo día regresó a España. Y mientras me contaba eso en los camerinos donde yo me había refugiado de las fans, reía y le daba crema de caballo a sus zapatos que tenía bautizados como Los Tanques. ¡Fíjate que ocurrencia más genial, bautizar a sus zapatos! Luego yo los hice con los míos. Tarantellas. Aquella historia me recordó de nuevo a la nuestra.

Escándalo público

Lo peor vino después cuando la actriz de aquella película, que andaba alojada en el mismo hotel, una guapa cubana llamada Ondina Canibano quiso tenderme una trampa junto con un fotógrafo español para sacarme unas fotos comprometedoras. Me negué y con esas mismas me arrojó un vaso de güisqui a la cara. Monté en colera como tu ya conoces y quise arrastrarla de los pelos a lo largo de toda la barra de aquella terraza de verano. Se formó un alboroto grandioso y mis hombres quisieron también ponerle una mano encima al fotógrafo, y al periodista que venía de cebo con él, pero no lo lograron. Después de una bronca monumental y de llamarla hija de los mil demonios me serené algo y escape a mi habitación porque comencé a observar que llegaban coches de policía. No puedo con ellos, los odio con todo mi ser desde que mi primo Alfi murió en una comisaria de Harlem en un interrogatorio. Allí estuve encerrado bebiendo una copa tras otra con mis hombres armados custodiando la puerta y tratando de ponerme en contacto con el cónsul estadounidense en Málaga y con el embajador en Madrid.

La solución más rápida entonces pasó por pactar una entrega al día siguiente, una vez que se hacía insostenible mi encierro, a las detestables autoridades españolas y hacer frente a una multa de 25.000 pesetas por escándalo público, una cifra de dinero insignificante pero para mi vergonzante ya que todo fue un complot en mi contra. Además el director me rebajó el caché y tuvimos que filmar las escenas previstas en Málaga en una paraje similar de California con el gasto extra que eso supuso y la nueva difamación que me tocaba sufrir. Por otro lado, el periodista y el fotógrafo de entonces se encargaron de difundir y exagerar mi perfil hampón y agregaron escenas de persecuciones en cadillacs por el pueblo con mis guardaespaldas pistola en mano dispuestos a solucionarlo todo al estilo de mis amigos de Chicago.

En todas aquellas horas esperando a que mi maldito país hiciera valer mi condición de ilustre ciudadano americano también me acordé de aquella otra fiesta en la casa de José Miguel en Madrid, en las afueras. Estaba un plantel entero de flamencos, me acuerdo de uno de ellos que llamaban el Beni, muy gracioso y otro Faico o Francisco. Llegó a última hora una gitana muy pizpireta y guapa, le decían La Gallina, a la que alenté en su baile, con los oles de rigor que ya iba aprendiendo. Me miraste encelada cuando percibiste la más insignificante muestra de admiración hacia ella y cojiste la mesa y la volcaste con todo lo que tenía encima en un arrebato incomprensible de furia. Todos nos quedamos sorprendidos con tu salida de tono aunque yo algo menos. Eran esos momentos en los que se te nublaba la vista y tronaban en tu cabeza los demonios del alcohol. Te obcecaste en que no pagabas la fiesta y aquella gitana guapa en que no se iría de vacío así que también tornó el gesto de su cara para convertirla en ciclón de tempestades y te lanzó un puñetazo en toda la nariz. Llorreabas caños de sangre y se mezclaron los gritos de horror al ver tu cara desfigurada, con las risotadas impropias de aquel Beni histriónico también vencido por la bebida a esas horas y que luego supe te acompañaba a la cama en tus noches de aflicción y soledad. Al día siguiente pagué cuatro veces lo convenido a aquellos flamencos que era tan amigos tuyos pero que a base de borracheras encadenadas te habían perdido el respeto.

Eso eras tu Eva, en las noches de calor de España, un fogonazo cegador de belleza disipándose tristemente entre el humo de los cigarrillos y los vasos rotos de algún tugurio de ese maloliente pero alegre país. Y yo tras de ti.

Tuyo siempre, Frank

 

English

Tittle: Remember me (Love letter from Sinatra to Ava Gadner from Torremolinos)

Dear Ava:

I did not like this country because it took me away from you so much … I really brought to the cold Franco although I call him rat publicly and all those things deserved. And it is that in this land of fire, the best thing for the heat was your mouth. You were the most beautiful animal ever thought but you were determined to keep looking and searching in the bottom of all the bottles, nor tolerated the rigors of cinema and I a little for having lost you and a little for my innate rebellion I ended up hating it too. You felt dread of sleeping alone and between us was the whole Atlantic in between, I do not blame you for it. You would have left everything for a party in this land of sulfur nights and I would have been able to track you as well. A country torn but rebellious with spontaneous joy in its misery that I would have liked to erase it from the map only out of envy, because I had you and made you so happy, and I did not. I would have been content just to be one of the mosquitoes in your bedroom every night but I stayed in a bad detective of your wanderings.

I remember that when the summer touched its end of 1964, was it September? – Yes, it was September because in September it was the month we met and I never forgot the rest of my life – I had to shoot the Mark Rozson film for the Twenty Century Fox in Torremolinos, in the South of Spain. The movie was Von Ryan Express. I stayed in a hotel called El Tiburón or was it the Swordfish? That’s the Swordfish. It was an amazing place, very nice, a hotel with all the amenities, among pine groves and villas like salt motitas by the sea – I remember that as soon as I arrived I drank two bottles of Campari- its kidney-shaped pool and its cobblestone Dance floor reverberated with late afternoon lights. The vegetation and the weather reminded me a lot of Miami and the flower shirts of some tourists. I could not get away from your memories, even though it had been many years since we had spent our nights in the mansion in Madrid, at the cost of squandering money with those of your friends in flamenco.

And that was the first thing I heard as soon as I came down from the room of that hotel, a short, old-fashioned cantaor, disemboweled to the din of a gypsy-haired bailaor with a superlative nose and who, in a stranger Spanish, said to me, Called Reel. This dark-haired bailaor told me an extraordinary story that happened to a well-known woman in Santa Monica, Laura Levi, daughter of a very wealthy Jewish family, an artistic skater who had succumbed to her charms as a dancer in Spain And with whom he had married even before the Torah, without understanding a single word of English, in Santa Monica. The man, listening to give her love and passion every night ended up unhinged and throwing a shoe to the head with the bad luck to leave her unconscious. For that incident he feared to be behind bars in Alcatraz and in the first plane that left that same day returned to Spain. And while he told me that in the dressing rooms where I had taken refuge from the fans, I laughed and gave him horse cream to his shoes that he had baptized as The Tanks. Look what a cool occurrence, baptize your shoes! Then I made them mine. Tarantellas. That story reminded me again of ours.

Public scandal

The worst came later when the actress of that film, who was staying in the same hotel, a beautiful Cuban named Ondina Canibano wanted to set me up with a Spanish photographer to take some compromising photos. I refused and with those same threw a glass of whiskey in the face. I rode in chasuble as you already know and I wanted to drag her hair all along the bar of that summer terrace. A great uproar was formed and my men also wanted to lay a hand on the photographer, and the journalist who came baiting with him, but they did not succeed. After a monumental scolding and calling her daughter of a thousand demons, I calm down and escape to my room because I began to observe police cars arriving. I can not with them, I hate them with all my being since my cousin Alfi died in a commissioner of Harlem in an interrogation. There I was imprisoned drinking glass after drink with my armed men guarding the door and trying to get in touch with the American consul in Malaga and with the ambassador in Madrid.

The quickest solution then was to agree a delivery the next day, once my closure was rendered unsustainable, to the detestable Spanish authorities and to face a fine of 25,000 pesetas for public scandal, a figure of insignificant money but to my shame Since everything was a plot against me. In addition the director lowered my cache and we had to film the scenes planned in Malaga in a similar place of California with the extra expense that meant and the new defamation that I had to suffer. On the other hand, the journalist and the photographer of that time were responsible for spreading and exaggerating my buffoon profile and added scenes of persecutions in cadillacs by the town with my bodyguard gun in hand ready to solve everything in the style of my friends in Chicago.

In all those hours waiting for my accursed country to assert my status as illustrious American citizen I also remembered that other party in the house of José Miguel in Madrid, on the outskirts. There was a whole squad of flamencos, I remember one of them called the Beni, very funny and another Faico or Francisco. At the last minute a gypsy girl arrived very pizpireta and beautiful, they said La Gallina, which I encouraged in her dance, with the waves of rigor I was learning. You looked at me in enmity when you noticed the most insignificant sign of admiration for her and you took the table and turned it over with all that was in an incomprehensible outburst of fury. We were all surprised by your pitch, although I did something less. Those were the moments in which your eyes clouded and the demons of alcohol thundered in your head. You obececaste in that you did not pay the party and that beautiful gitana in that would not leave of empty so also turned the face gesture to turn it into cyclone of storms and threw a punch to him in the whole nose. You were crying with blood and the shouts of horror mixed with seeing your disfigured face, with the improper laughs of that histrionic Beni also overcome by the drink at that time and then knew that I accompanied you to bed in your nights of grief and loneliness. The next day I paid four times what was agreed to those Flemings who were so close friends of yours but who had lost respect from drunken chains.

That was your Eva, in the warm nights of Spain, a blinding flash of beauty dissipating sadly amid the smoke of cigarettes and broken glasses of some dump of that smelly but joyful country. And I behind you.

Yours, Frank.

3 Comentarios
  • G. Montilla
    Publicado en 09:31h, 24 agosto Responder

    Puede que la otra nochue tuviese, sin saberlo, la suerte de asistir al nacimiento de este blog en una taberna de la calle San Miguel. Ante una fotografía de un Torremolinos sin torres ni grúas, quizás sin hoteles, Francis dijo: 'Mira, esto era el Castillo del Inglés'. Gracias bro por hacerme partícipe de esta y de tantas otras cosas, como esta carta entre Sinatra y Ava que imaginaste para publicarla en el periódico. A ver si una tarde de esta la releemos en el Frankie´s bar, la coctelería del Pez Espada, y brindamos con el cielo de Torremolinos con nuestros cubatas. Vamos a disfrutar mucho con este blog, ya verás. Un abrazo

  • rafael marchante
    Publicado en 15:30h, 24 agosto Responder

    Mucho ánimo hermano con el blog porque nos encantan que nos open the windows, jejejje…. espero tus entradas como agua de Mayo… la primera de categoría

  • Celinik
    Publicado en 19:17h, 25 agosto Responder

    ¡Chapó, Mármol! Queremos más…

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