En el más allá de Enrique Morente y Miguel Hernández

Recreación fantástica del encuentro celestial entre el Ronco del Albaicín y el poeta de Orihuela, dos biografías de versos y cantes paralelos.

En el patio de los naranjos dulces y las fuentes de miel sobre hojuelas del que allá arriba se desliza su luz por primavera se han encontrado dos amigos que se desconocían en cuerpo pero no en alma. Un fogonazo de luz postrera los ha unido en versos, cante y palabra cuando antes eran solo materia. Se escucha entre los serafines el eco de un cante viejo, las elegías son la banda sonora de esta vereda. “No perdono a la muerte enamorada, no perdono la vida desatenta”. Les ha unido la efemeride pero la vida que apuraron y exprimieron no sigue muerta. Dos espejos sobre el mismo escenario, dos maneras de sentir parejas ahora unidas en el espacio tiempo vago.

El Ronco se ha fumado un cigarrillo a las puertas de la Universidad mientras escaleras abajo está su amigo de Orihuela. Trae la muerte por Ramón Sijé pintada en su carpeta, Morente sueña la Alhambra entre el muestrario de azulejos sevillanos que paga y adorna del tablao la trastienda. “Me prendieron por última vez en Portugal”, “A mi hicieron pagar la multa de las 10000 pelas” comentan. Los dos traen el pueblo en el zurrón, el pelo un poco largo, Enrique lee Doña Rosita la Soltera. A las cabras montunas les tira más la sierra, se les saca más queso pero es más difícil tirarle de su teta. Al albaicín se puede ir por muchos caminos pero el paseo más bello es el de los Tristes, conversan.

“Me gustaba mucho Pastora, aquella bambera…”. En el frente de Sierra Morena, en el asedio a la Cabeza urdió la poesía de batalla que en los festivales Enrique sacó por bandera, “en el fondo del hombre agua removida”, “escarcha bajo la corteza, cerrada y pobre”. Son dos provincianos en la capital abrazados al sueño de una vida en color, menos gris, con ganas de ponerse el mundo por montera. Uno quiere cantar siendo torero otro sabe que escribir de toros le llena la tartera. Abajo los siguen llorando, los esperan. Hay muchos alumnos pero muy pocos maestros, ellos se quedaron sin guía ni escuela.

De todos los cielos vino a abrirse el que más nos dolía sobre nuestra esperanza, no deben morirse nunca los poetas no deben callarse los cantaores que alzan su voz de cometa. ¿Has visto ya a Federico? ¿Me dijiste que estuviste con José anoche de fiesta?, se preguntan. Aparece ahora Aleixandre recordando su mirada abierta hasta después de muerta. Se arranca por lo bajini y se paran dos luceros del alba a predicar un fin de fiesta, ¡por tangos de Graná, Enrique, acuérdate de tu tierra! “Si yo encontrara la Estrella que me guiara yo la metería muy dentro de mi alma y la venerara”…Han pasado las cinco en punto de la tarde y Miguel Hernández ha vuelto a recitarle el drama del Niño Yuntero. “Yo la grabé en 1971 tuve mis cosicas por aquello”.

“Yo creí que la sombra era mía precipitado en la sombra me veo”. En Rusia se desencontraron sus caminos, uno siguió con su credo otro agarró el quejío más flamenco. Pero dos almas hermanas no tienen fecha de partida ni desaliento, ambos reparten el pan cateto se miran a esos ojillos inquietos. “Te vendo un par de alpargatas si me regalas más versos”, “cántame por tarantos Sentado sobre los muertos y no se hable más de cambalache ni niño muerto”. Atraviesa uno ahora la Guerra por su costado cosido de heridas y trincheras de pe a pa de la España paupérrima, para casarse de blanco y mientras Enrique espera afuera del Chinitas a que la Pelota se le quede en su tejado. “No hay más luz que tu cuerpo, todo sol: todo ocaso”.

Beben del mismo vaso que no se agota de donde mismo mana el manantial de la vida y como si fuera vino se rien de sus cosillas, se cuentan victorias pasadas. La Peña Charlot aquel Madrid que iba tomando vermut con más alegrías sin tanto boato. El otro le narra historietas de Neruda, Alberti amigos del desacato. La República como el sueño postergado, el anhelo de un mundo más justo, justo para el hijo del cabrero que quiere ser universitario.

La muerte de un hijo duele más que la muerte propia, no hay tuberculosis que hiera más hondo que un pedazo de alma que se extingue, no hay esófago mortal que soporte la pena cantada de vivir lejos de Graná. La muerte es el diálogo que les ha unido, el cigarro y la copa última que les ha regalado, ahora juntos dialogan de ritmos y paisajes, de recetas de sopa de cebolla, de penas que son ganancias redoblás, de omegas que no se agotan. Hay quedan los versos del poeta “soy una abierta ventana que escucha/ por donde ver tenebrosa la vida./Pero hay un rayo de sol en la lucha/ que siempre deja la sombra vencida”.

Publicado en el Diario El Mundo, el 31 de diciembre de 2010 en Málaga.

English

Tittle: In the sky of Enrique Morente and Miguel Hernández

Fantastic recreation of the celestial encounter between the Ronco del Albaicín and the poet of Orihuela, two biographies of verses and parallel cantes.

In the courtyard of the sweet orange trees and the sources of honey on flakes of which up there slides its light by spring have found two friends that were unknown in body but not in soul. A flash of last light has united them in verses, cante and word when before they were only matter. The echo of an old cante is heard among the seraphim, the elegies are the soundtrack of this path. “I do not forgive death in love, I do not forgive my inattentive life.” The ephemeris has been joined by them, but the life they have hurried and squeezed is not dead. Two mirrors on the same stage, two ways to feel pairs now joined in space vague time.

El Ronco has smoked a cigarette at the University gates while down stairs is his friend from Orihuela. It brings death by Ramón Sije painted in his folder, Morente dreams the Alhambra among the sample of Sevillian tiles that pay and adorns the tablao backroom. “They arrested me for the last time in Portugal”, “They made me pay the fine of 10000 euros,” they comment. The two bring the town in the bag, the hair a little long, Enrique reads Doña Rosita the Maiden. The mountain goats pull the saw more, they get more cheese but it is more difficult to pull his tit. The albaicín can go by many ways but the most beautiful walk is the one of the Tristes, conversan.

“I liked Pastora very much, that bambera …”. On the front of the Sierra Morena, in the siege of the Cabeza, the poetry of battle was fought, which at the festivals Enrique took to the flag, “at the bottom of the man water removed”, “frost under the bark, closed and poor.” They are two provincials in the capital embraced to the dream of a life in color, less gray, wanting to put the world for montera. One wants to sing as a bullfighter, another knows that writing bulls fills the pie. Down below they are still crying, waiting for them. There are many students but very few teachers, they were left without a guide or school.

Out of all the heavens came the one that most pained us on our hope, we must never die, the poets should not be silent the singers who raise their voice of comet. Have you seen Federico yet? Did you tell me that you were with José last night to party? Aleixandre appears now remembering his open look until after death. It starts up by the bajini and two dawn stars stop to preach an end of party, for tangos of Graná, Enrique, remember of your earth! “If I found the star to guide me I would put it deep inside my soul and I will venerate it …” It was after five o’clock in the afternoon and Miguel Hernandez has recited again the drama of Niño Yuntero. “I recorded it in 1971 I had my costumes for that.”

“I thought the shadow was mine hasty in the shadow I see.” In Russia their paths were disenchanted, one followed with their creed another grabbed the most flamenco complaint. But two sister souls have no date of departure nor discouragement, both share the bread leg they look at those restless little eyes. “I sell you a pair of espadrilles if you give me more verses,” “Sing me for tarantos Sitting on the dead and no more talk about cambalache nor a dead child.” The War is now crossed by its side sewn with wounds and trenches from the pauper of Spain, to marry white and while Henry waits outside Chinitas for the Ball to remain on his roof. “There is no light but your body, every sun: every sunset.”

They drink from the same glass that does not exhaust itself from where the spring of life flows and as if it were wine they laugh at their things, they tell of past victories. La Peña Charlot that Madrid that was taking vermouth with more joys without so much rumor. The other tells him comic strips by Neruda, Alberti friends of contempt. The Republic as the postponed dream, the yearning for a more just world, just for the son of the goatherd who wants to be a university.

The death of a child hurts more than death itself, there is no tuberculosis that sinks deeper than a piece of soul that is extinguished, there is no deadly esophagus that supports the chorus of living away from Graná. Death is the dialogue that has united them, the cigar and the last cup that has given them, now together dialogue of rhythms and landscapes, recipes of onion soup, penalties that are redoubled profits, omegas that are not exhausted. There are poetry verses "I am an open window that listens / where to see dark life. / But there is a ray of sun in the fight / that always leaves the shadow overcome".
Published in El Mundo newspaper, on December 31, 2010 in Malaga.
1Comentario
  • G. Montilla
    Publicado en 11:24h, 28 agosto Responder

    otro texto de los grandes. el ronco y el pastor de Orihuela. éste también tuve la suerte de disfrutarlo recién salío de fábrica, cuando se acababa el año Hernández y enrique se había ido poco antes. por cierto, el perfil que tienes de enrique también es demasié

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