Carrete bailando en el espectáculo 'Memoria'.

Aquellos maravillosos flamencos (EME)

Memoria; Facultad espiritual del hombre para recordar algo pasado.

Con el tiempo aprenderás/ a saber lo que es el tiempo:/lo malo es que algunas veces/ viene muy tarde el remedio.

En recuerdo a Cándido de Málaga.

Aquella vez cuando cantamos subidos en el carro del arriero en la plaza del pueblo porque no había escenario. El día que me subí por primera vez a un escenario, en la peña, que fue Camarón el que dijo; “ese niño tiene un hilillo de voz mu gracioso, que venga y que cante”. Las dos tortas que me dio el Guardia Civil, cuando le dije que yo era artista y no cantaba por la fuerza a naide. Cuando me compraron mis primeras botas de bailar, que las bauticé como las Maquinas, por aquella costumbre mía de ponerle nombre a los zapatos y yo me creía que volaba subido en ellas, porque por entonces andaba yo descalzo por las calles.
Pasó que me llamó Lola Flores para cantarle en una fiesta y a otros cuantos pero yo formé lo más grande, que me regaló veinte mil duros de la época, y con eso pagué yo la primera letra de la casa de mi niña. La vez que vino Picasso a vernos en París ¿o era Dali? Y me hizo un dibujo en el lomo de la guitarra yo lo borré del mosqueo que pillé porque me manchó la camisa al arrimármela. Íbamos a cantar en la feria y nos quedamos averiaos con el coche, en mitad de la sierra, y cuando llegamos ya había terminao la fiesta y nos querían pegar los del pueblo. La noche que cantamos y no cobramos ¿te acuerdas?
El señorito aquel que nos llevó a cantar a la boda de su hija y la hija se puso a bailar con un servidor y me dijo bajito al oído: “Detrás de la tapia te espero”. Cuando poco después de la guerra fuimos a escuchar a la Niña de los Peines, y en la venta aquella, nos pusieron de comer liebre y era gato. Estando en la boda de un primo, que te cogió bien y no parabas de bailar y nos quedamos dormíos tos en las sillas, extasiados de tocar, cantar y beber y tu seguiste zapateando solo.
Los cantaores siempre preguntanto cuando íbamos a cobrar y yo el dinero del resto ya me lo había gastao, le había comprao a mi señora un abrigo de bisonte. Que tocando la guitarra, la rondeña de Montoya, me doy cuenta que en la primera fila las dos gachís en minifalda iban sin bragas y desde ahí en adelante no dí una nota en su sitio y el cantaor me miraba con mu mala cara y yo me reía. La letra esa de Meneses que me dio por hacer para cerrar la actuación y que cuando agarro a terminar se hace un silencio sepulcral, y yo asustaíto, y de repente arranca una ovación increíble, que yo creía que se venía abajo aquello.
Cuando te ligaste a la gitanita, que se unió a la compañía pa cantar pa’tras, tan guapa ella y tan zalamera, en una gira por Suramerica y que al regreso te perseguía por donde ibas y llamaba a tu casa, y tu acojonao porque tu mujer se iba a dar cuenta, iba a coger el teléfono y se iba a enterar de lo vuestro.
Cantando, que me noté que me ahogaba, y unos apretones muy malos en el vientre, una fatiga mu grande, y me acordé de la olla de garbanzos que me había comido al mediodía, y nada más terminar me fui corriendo pal váter, que casi me lo hago en la silla. Firmé mi primer contrato y que yo ni siquiera sabía escribir y no entendía nada de lo que ponía allí.
La de veces que yo he escuchado a mi padre cantar en el bar del pueblo por Marchena y que un día me dio a mi por hacer una letra de aquellas que le escuchaba a él y echo mano a terminar y me doy cuenta que estoy llorando. Y me vestí con el traje de una bailaora que era más chica que yo y esa mujer cuando me vio a mi aparecer en el escenario, con mis hechuras y el traje que me llegaba por las rodillas, con mis piernas llenas de pelos, vestío de mujer, no pudo menos que echarse a reir y le alegre la noche.
Después de ganar el concurso, me llamó el alcalde a mi casa y me dijo que quería hacer una recepción oficial en el Ayuntamiento, que aquello era muy importante y allí que me fui yo con toda mi familia y el traje de chaqueta que me había comprao con el dinerito del premio. Yo nunca había oído hablar de aquel sitio y me dicen cuando llegamos a la vera deun río, que allí se termina el camino y que tenemos que subir en burra al pueblo donde nos esperaban.
Y había uno que siempre me seguía allá por donde iba a actuar y a mediación de cada actuación, yo le escuchaba decir a grito pelao; “¡canta gitano! ¿es que no vas a cantar algo gitano?”. Y era así siempre, que incluso me contaron que había perdío una pierna y seguía yendo a mis conciertos y que incluso perdió la segunda y yo seguía escuchando en mitad del auditorio cada noche; “¿Pero es que no vas a cantar algo gitano?” Me tenía que reir de lo constante y lo pesao que era. Y entonces pasó que me enamoré de la novia del que era figura de la compañía, y que venía bailando también con nosotros, y ella también de mí, y desde entonces pues todos los compañeros pues nos hicieron el vacío.
Me llegó y me dijo un hombre muy enchaquetado; “El Señor Don fulanito de tal quiere que le acompañe a un cuartito donde quiere que le cante un poquito para sus amigos. Y me tiré toda la noche cantando para ellos y ya llegando al alba, me mira y me dice; “¿Sabes lo que digo? Que no me ha gustao na de lo que has cantao en to la noche”. Y nada que con aquello me tuve que volver a mi casa andando y con los bolsillos vacíos. Va y me dice ese gitano; “¿Qué te juegas que esta noche levanto al público y me aplauden más que a ti? Y yo voy y le digo; “venga la apuesta ahí, veinte mil pesetas que yo los voy a levantar bailando con el culo”, y así fue que se me ocurrió arrastrarme con el culo por el escenario bailando y la gente no daba abasto a aplaudirme y gané la apuesta.
Resultó que el concurso estaba amañao, yo había cantao muy bien, de verdad, no es porque yo lo diga porque luego me lo dijo mucha gente y el premio se lo dieron al otro porque tenía apalabrao con dos del jurado ir a cantarles a su peña gratis. Eché mano a cantar las alegrías, que me había preparado durante dos meses, y resulta que no me acordaba, y me tiré lo menos dos minutos con el titititrantrantranta tiritrantero, me acordé de la anécdota de Ezpeleta, y yo notaba que tol mundo me miraba y el público esperando y al final pues tuve que cantar otra letrilla, vamos que lo pasé fatal.
Lo que me pasó con aquel crítico, que a mi siempre me había puesto muy bien, un flamencólogo muy reconocido, así que miro el periódico al día siguiente de una actuación que tuvimos muy buena y me puso a caer de un burro, a toda la compañía y a mí, y luego me dijeron que él era siempre el que presentaba aquel festival y que como aquella noche el empresario no lo llamó a él y llamó a otro, pues nos puso a todos y a la organización como un trapo.
No me llamaron nunca más, porque cuando terminé se me ocurrió decir por el micrófono que Viva la Virgen del Pilar, porque allí estaban en fiestas yo yo me creía que era la patrona y resulta que era la del pueblo de al lado, con el que tenían mucha rivalidad y entonces dicen que estos se lo recordaban siempre.
Nunca he fumado nada pero llegó la figura del cartel con unos cuantos amigos al camerino que venían de una fiesta y se pusieron a liar cigarritos y yo que no estaba acostumbrao a aquel humo moruno pues me pillé un bolillón muy grande, sólo de estar allí al lado, que vamos que en la seguiriya, me salía a mi una sonrisilla que no metí la pata de milagro.
Resulta que acordamos hacerle una jugarreta buena, porque nos hacía unas bromas muy pesadas, y en el vaso de agua que mezclaba con un poco de güiski pues nos meamos. Y viéndolo ya actuando, lo vemos que le da un trago pa comenzar a cantar y de repente se dio cuenta y salió corriendo pa dentro en busca nuestra, con la sorpresa del cuadro que se quedó de piedra y sin poder continuar. Menos mal que no nos cogió. El día aquel que cantamos y no cobramos ¿te acuerdas?

Del catálogo de la exposición fotográfica ‘Siete maravillas a lo flamenco’. Editado por Diputación en 2007.

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