Truman Capote.

Capote, el nacimiento de una estrella en ‘Otras voces, otros ámbitos’

Resulta paradójico que en los Estados Unidos, espejo de la modernidad, haya que mirar tanto a su retrasado sur para encontrarse con su mejores escritores y escritos. Realmente no tendríamos la mitad de la literatura de este país sin esos mundos detenidos y lentos a la vera de los latifundios esclavistas y de ese imperio en decadencia que tanto tiene de cortijada andaluza. Es en un pueblo o mansión del más allá, a punto de se tragada por la tierra, de esas latitudes sureñas donde el entonces imberbe Truman Capote decide recrear parte de su infancia para mostrarnos un bestiario de personajes que se internan en lo fantástico, boceteando un Macondo propio y muy típico de parentescos con Steinbeck o Tennesse Williams, seres en los límites de su existencia, incomprendidos, violentos, supersticiosos, arruinados, enfermos, en un adobo onírico de ambientación, fabulas y aventuras.

Él fue un niño exento de cariño paternal y aquí se refugia en la figura de Joel Knox para sacar su piel al sol, en el cuerpo de un niño que viaja desde su Nueva Orleans natal para conocer a su padre, la única referencia familiar directa que le queda. Allí lo encontrará postrado y sin muchas opciones de ofrecerle algo mejor que una extraña familia en el fin del mundo. Como algunos la han definido, ‘Otras voces, otros ámbitos’ es una historia iniciática, epopéyica, como paralelamente lo fue luego para Capote en el mundillo editorial. A partir de ella su protagonista se topa con Amy, la pareja de su padre, el negro Jesús Fever, las hermanas Florabel e Idabel y en general un universo en descomposición, excéntrico de puro aislamiento.

Cuentan que el tirón editorial fue cosa de la foto de efebo tumbado de Capote en la contraportada. En el principio del idilio con su editor, que lo frecuentó en su alcoba a las espaldas de todo el mundo. Pero la historia, pese a estos empujones, no desmerece la gran narrativa del autor de ‘A sangre fría’, que aquí ataca su realismo del sur, su sur-realismo de una manera muy liviana pero también muy ornamental por momentos. Por bizarra es más jugosa de lo que pudiera pensarse y muy aconsejable. Capote la terminó en un campamento de verano para jóvenes escritores tras bloquearse en su apartamento neoyorkino, entre los accesos alcohólicos de su madre. Aquí, por tanto su desbloqueo y comienzo del éxito.

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