Brigette Bardot.

La historia de la Costa del Sol en cuatro top less

El estreno del top less se lo arrogan varias playas en el mundo. Pero pocas de estas localizaciones cuentan con un episodio mejor documentado y más ejemplificador del que fue probablemente el primer caso de este tipo. La instantánea de los primeros pechos femeninos al aire en una playa remite con luz y taquígrafos a mediados de abril de 1930. La protagonista: la libérrima musa de poetas y pintores, Elena Ivanovna Diakonova, más conocida por Gala Eluard Dalí. El lugar, Torremolinos.

Por entonces la pareja del joven Salvador Dalí, se encontraba junto a éste pasando unos días en este “villorrio” -palabra usada por el propio pintor para un paraíso exento de tanto cemento como el que soporta hoy- a instancias de sus amigos de la Generación del 27, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados que andaban seduciéndolo para que se embarcara con ellos en una aventura editorial de corte surrealista.

El arcádico lugar en el que hizo parada y fonda la extrovertida pareja fue el Castillo del Inglés, un extinto hospedaje con una peculiar historia propia y que está datado como el kilómetro cero del boom turístico que vendría en esta costa andaluza. Ubicado, a modo de delicioso palacete sobre el mar, en el promontorio que separa la playa del Bajondillo de La Carihuela, fue testigo mudo de aquel iniciático desahogo primaveral.

Según testimonios de los amigos que rodearon a la pareja aquellos días, la libérrima amante del pintor, ni corta ni perezosa se desnudaba de cintura para arriba en los momentos en los que gozaban de la cercanía del mar. La foto más conocida de aquel momento la inmortaliza ufana sólo con un pantalón corto, un colgante y un pañuelo en el pelo. Incluso la que luego fue esposa del genio de Figueras gustaba de fumar dentro del agua. “El vicio y la salud unidos ¿no es exquisito”, alardeaba.

Aquel destape, pese a lo prehistórico, tampoco levantó demasiado revuelo en un tierra que inauguraba su innata laxitud moral para estas cosas. Pese a ello, y según la narración de otro amigo inmerso en aquellos baños, Darío Carmona, atrajo a algún ojeador puntual y sospechoso de vigilar la escena como informante de las autoridades de la época. Pero ésa sola fue una de las muchas extravagancias que protagonizó la pareja. Por entonces Dalí terminaba su cuadro El Hombre Invisible y obligaba a su musa a depilarse las axilas tiñéndoselas luego de azul, untarle excrementos de cabra o colocarle un geranio de color rojo sobre la cabeza mientras posaba para él, como han contado otros testigos de la visita.

Ése fue la avanzadilla de lo que vendría después. De bikinis, monobikinis y hordas de rubicundas suecas para un litoral favorable a luchar contra las calores con menos ropa. Pero antes, otro top less que también trajo cola, y que merece el calificativo de planetario, fue el de Brigitte Bardot en los días de septiembre y octubre de 1957. La guapísima actriz gala había llegado a este confín del continente para rodar junto a su marido, el director Roger Vadim, Los ladrones al claro de luna, una cinta diseñada para su lucimiento personal y que vivió un rodaje accidentado y colmado de anécdotas, no siempre agradables. La más bella amiga que jamás han tenido las focas venía precedida de toda la expectación tórrida posible tras haberse desnudado y enseñado sus incontables curvas en Y Dios creó la mujer, la película que la catapultó como musa erótica de toda una generación.

Pues bien, BB no debió enterarse de qué país pisaba y en qué momento pues, entre rodaje y rodaje, se ocupó en darse baños de sol y de mar como el mismo creador la trajo al mundo, otra vez en aquel Torremolinos incitador. La escena, que se presupone sería comentaba hasta en el último rincón de Málaga, causó tanto rubor en las damas de la época que un grupo de ellas remitieron una carta al alcalde para quejarse de tan libertina costumbre. Algo que parece ser no fue muy tomado en cuenta para suerte de los testigos que pudieron seguir admirando tan sinuosa figura en paños menores.

Con muchos rodajes de cine subido de tono de por medio, landismo incluido, el litoral costasoleño fue escenario como pocos de ese cine del destape de los setenta. La masificación del top less se había inaugurado con todo esplendor y para certificar mundialmente tal cosa, en 1986, llegó una de las más bellas mujeres jamás alumbradas, la gran Elizabeth Taylor para protagonizar en estas orillas otro semi-desnudo que daría la vuelta al mundo.

Liz, la mujer de los ojos violetas, desembarcó en Marbella con su tercer marido, George Hamilton, para asistir a la inauguración de la discoteca Régine. Antes de dejarse ver en el sarao se sintió cómoda en la terraza del Marbella Club -en primera línea de playa- donde se hospedaba y allí ni corta ni perezosa dejó la parte de arriba de su bikini para solazarse sin ataduras. De esa guisa fue cazada por un paparazzi local que horas después de su deseada captura fue buscado por tierra, mar y aire para negociar con la actriz la publicación de sus íntimas partes. Aquí la celebérrima actriz de Cleopatra estuvo realmente sobrada de arte y lejos de abortar la publicación de las mismas, pese al revuelo que montó, se limitó a darles el visto bueno sin más censuras toda vez que se encontró de buen ver en las mismas.

Un aprendiz de aquel paparazzi, Diego Arrabal, sería el fotógrafo que capturaría la más preciada instantánea de top less jamás hecha, la de la Princesa de Gales, Lady Di sin bikini en el Hotel Byblos de Mijas. Ocurrió en el puente de mayo de 1994. Su compra se produjo para únicamente quemar los negativos y que nunca saliese a la luz. La revista Hola pagó la friolera de 1,2 millones de euros para sellar el polémico episodio de esta manera. Esa cantidad, que jamás volvería a alcanzarse por un top less, debida a una escapada loca de Diana con dos amigas y un peluquero de confianza a la Costa del Sol. El escenario que acabó descubriéndola en la época, en la que en medio de tanto guiri compatriota, pasó desapercibida viajando en clase turista desde Londres. Todo un acontecimiento que precedió a sus peores días de rebeldía contra Buckingham Palace

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