Cervantes en la cárcel de Sevilla.

Cervantes ajusta sus quijotianas cuentas en Vélez

141.000 maravedíes de Vélez-Málaga fueron los culpables de que Miguel de Cervantes (Alcalá de Henares, 1547-Madrid, 1616) acabara entre rejas en la Cárcel Real de Sevilla a principios de octubre de 1597. Por este incumplimiento con Hacienda fue castigado con medio año de privación de libertad por algo parecido a la malversación de caudales públicos como comisionado del cobro de varios atrasos de tercios y alcabalas para Felipe II. El autor de ‘Las novelas ejemplares’ llegó con “paciencia hacia las adversidades” a este otro mazazo vital tras haber sobrevivido a su particular ‘Papillon’ de cinco años y medio en Argel, donde lo apresaron piratas a su vuelta de la gloriosa batalla de Lepanto. Al Príncipe de los Ingenios, la agitada cárcel hispalense no debió parecerle demasiado incómoda estando tan cerca de su residencia. No en vano en ella parió el libro de los libros, El Quijote. Algo por lo que se ha llegado a bendecir este breve cautiverio. Allí imaginará el corazón de la obra de cuya segunda parte ahora se cumple el cuarto centenario. Pergeñará a su soñador invencible.

“Hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel donde toda la incomodidad tiene su asiento y todo triste ruido tiene su habitación”, diría sobre aquel parto. Pero habría que retrotraerse a aquella fecunda estancia para conocer el triste, a la vez que feliz episodio, que llevó al alcalareño entre barrotes. Habría que recordar que la situación del ex convicto Cervantes no era nada boyante cuando su amigo, Agustín de Cetina, contador Real, le busca una misión recaudatoria como las que anteriormente ya había llevado a cabo en la provincia de Sevilla como cobrador de impuestos en la Carrera de las Indias. En este caso, Cervantes acepta el cobro de atrasos reales en el reino de Granada. En toda su operación ha de pasar por varios municipios de la provincia, con la vara alta de la Justicia Real, para hacerse con un total de 2,5 millones de maravedíes de la época. Una pequeña fortuna para la que encuentra también un avalista, Francisco Suárez Gasco. Es el 26 de agosto de 1594 cuando sale de Madrid para cumplir con este encargo en cincuenta días, a ocho leguas por jornada. Deberá ir a cobrar a Granada, Loja y Alhama, Guadix, Baza, Motril, Salobreña y Almuñécar.

En Málaga tendrá que reclamar deudas en Ronda y Vélez Málaga, a la postre su perdición en esta empresa. Cervantes acepta el encargo pese a lo incordioso de la misión. En ningún pueblo le esperará una fiesta al llegar cuando además cada día que no cobre lo debido, el deudor corre a cargo de su salario de 550 maravedíes al día. A Vélez llegará, según cálculos aproximados, a finales de septiembre de 1954, para cobrar un total de 277.040 maravedíes. En carta al Rey del 8 de octubre de aquel año, ya avisa, elocuentemente, de que en este pueblo “está la tierra apretada”, por lo que decide ir a cobrar otros pagos en tanto luego realizará una segunda vuelta para hacer efectiva la suma. Sobre mediados de este mes, recibe del recaudador de alcabalas local, Francisco López de Vitoria, una letra de 130.000 maravedíes que días después girará en Málaga. Corría el 21 de noviembre de 1594. Éste le haría parte del pago del total con una letra a cobrar en Sevilla de manos del mercader flamenco, Juan Leclerque.

Del resto del abono de la deuda de Vélez nunca se supo. 141.000 maravedíes que algunos estudiosos de las cuentas reales acreditan que cobró en metálico y nunca aportó y otros que defienden que no las recibió. Lo que sí está más que claro es que nunca supo acreditar su cobro. Con este descabalgue ya de antemano del total de la misión granadina, Cervantes también se encuentra con que parte de lo cobrado lo ha puesto en manos de un banquero sevillano de origen portugués llamado Simón Freire de Lima que quiebra y que le deja otro descuadre de 251.000 maravedíes. Este montante ordenó recuperarlo Felipe II con un embargo el 7 de agosto de 1595. Si bien a Cervantes le seguía faltando la casi mitad de lo de Vélez, esos 141.000 dichosos maravedíes.

Para rellenar ese descubierto, y tras un tiempo de idas y venidas, sofocones propios de la quiebra de Freire, logra dinero de allegados, familia y amigos, que dejan su deuda en una cifra cercana a los 80.000. Pues bien, sin el apoyo de su avalista primero Suárez Gasco, y con la inmisericorde reclamación real de esta cantidad, su caso llega a colocarle frente al cruel Gaspar de Vallejo, juez de la Audiencia de Grados de Sevilla que le exige una fianza de nada menos que 2,5 millones para salir de su aprieto. Sin dinero, ni apoyos para conseguir esta suma, el más insigne autor de las letras castellanas se ve abocado a la privación de libertad. De nuevo. Pues bien, este episodio bautizado por algunos cervantinos como ‘Las cuentas fantásticas de Vélez’ será recordado en el futuro museo dedicado al autor del Quijote en esta localidad axárquica, con alguna de las cartas reales que se conservan sobre estos cobros en el Archivo de Simancas. La inauguración del mismo está prevista para este año de efemérides redonda.

El espacio dedicado, único en Andalucía, tendrá asiento en la Casa Cervantes, un edificio del siglo XVI que se dice, sin estar confirmado, que pudiera ser el lugar donde se alojó Cervantes en aquella misión recaudatoria, perteneciente entonces a Don Diego Vélez de Mendoza. Además de los documentos de aquella epopeya profesional del autor del Quijote, este centro de interpretación también contará con material alusivo a las referencias que aparecen en la primera parte del Quijote en relación con Vélez. Esto es, sobre todo lo relacionado con la novela intercalada del ‘Capitán cautivo’ y algunos personajes aparecidos en ella que pudo conocer de primera mano. Además se aludirá a “esta tierra de libertad” también mencionada en ‘Los trabajos de Pérsiles y Sigismunda’

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