ca. 19th century --- Portrait of Russian novelist Feodor Dostoyevsky (1821-1881). Undated photograph. --- Image by © Bettmann/CORBIS

Dostoyevski o el cuento más dramático jamás escrito

Foto Corbis.

Tras leer ‘Cuentos’ de Fiódor Dostoyevski, editados por Siruela en un ejemplar con esmerado prólogo de Juan Villoro, queda un regusto amargo pero un apetito más que satisfecho. Amargo por todas las desventuras que sabe uno que colmaron su biografía y que de alguna manera aparecen en esos hombres atravesados de pobreza, soledad y condena social. Muy muy amargos y duros resultan la mayoría de ellos. Alcohólicos, pedigüeños, incomprendidos no correspondidos en el amor, suicidas.

Todos los peores episodios que puedan producirse en una vida les tocó sufrirlos a este genio de las letras y es eterno por su manera de haberlas decantado en sus ficciones, por su capacidad de retratar introspectivamente al ser humano. Retratos psicológicos de los más feos adornos de la condición humana, la mayor de las veces de vicios individuales como la codicia, la indolencia hacia los pesares de los otros, la excesiva tendencia a guardar las apariencias en relación a las marcadas clases sociales, a ser insensibles a la pobreza, al machismo, las enfermedades de los otros, hacia los desvalidos de la sociedad…

Hay también un alegato muy claro al cristianismo ortodoxo en ‘El sueño de un hombre ridículo’, un cuento fantástico con deseos de parábola, en el que ataca al nihilismo expansivo por aquellos años y parece que se augura la era soviética en la que caería el país ruso. En ‘El cocodrilo’, una rareza con mucho de comedia parece que apunta sólo un relato fantasioso, con dosis de ciencia ficción pero también lo mezcla con una ácida crítica a los peores pecados que ya asoman en el incipiente capitalismo salvaje.

‘El pequeño héroe’ o ‘Las noches blancas’ se centran en cuitas amorosas, el primero con cierta trivialidad sobre la valentía del ardor adolescente en reclamar amores platónicos mientras que el segundo que fue llevado incluso al cine por Visconti por su enorme capacidad de emocionar al lector con una historia de un hombre solitario, a más no poder ni con mayores pretensiones, hasta que encuentra sorpresivamente su media naranja y acaba sufriendo un desenlace desalentador, como poco. Otro cuento contenido en este fabuloso volumen se llama ‘La mujer ajena y el marido debajo de la cama’ donde aborda la infidelidad de una manera frívola, aburguesada y casi propia de un vodevil propio de Woody Allen.

En ‘Un episodio vergonzoso’ consigue dibujar con mucho detalle la manera de pensar de un gerifalte del ejercito ruso que trata de congraciarse con el pueblo llano a base de falso “humanitarismo” asistiendo a una boda a la que no ha sido invitado pero que él entiende que va a prestigiar con el sólo gesto de aparecer sin previo aviso en ella. El descontrol alcohólico del pueblo también sale a relucir en esta fiesta donde varios elementos disidentes muestran su desconfianza hacia las buenas intenciones solo aparentes del superior.

En ‘Bobok’ demuestra su capacidad para seguir atizando a las convenciones sociales imperantes más allá de la muerte, en un cementerio o ‘En el niño con la manita’ hace el dibujo social más descarnado de la pobreza y la hambruna que asolan su época y su país.

En resumen Dostoyevski llega al alma y al intelecto del lector con agudos dibujos de un entorno que se antoja más que cercano a los episodios vitales que le tocó vivir. Al margen de sus grandes novelas, ‘El jugador’ o ‘Los hermanos Karamazov’ estos cuentos son una manera deliciosa de internarse en su estilo introspectivo psicológico. Por ellos se deja caer un auténtico desfile de personajes colmados de infortunios en su gran mayoría. Sabía de los sentimientos de los que hablaba.

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