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Antonio Reyes-Diego del Morao, una dupla bajo la sombra de Camarón y Paco de Lucía

 

El pasado domingo escuche una psicofonía. Sí, no se me ha ido la cabeza. Había grabado un audio del cantaor Antonio Reyes en la madrugada larga que nos regaló a unos pocos tras haber actuado en el escenario de la peña flamenca de Casabermeja el sábado cuando tuve la sensación, ya en casa, demasiado real y demasiado emocionante de estar escuchando al mismísimo Camarón cuando el que se entonaba era Antonio Reyes. Es más mi pareja constató este parecido más que razonable cuando oyó el mismo corte. Algo que tampoco me había parecido tan copia exacta cuando la grabé en mi móvil en vivo y en directo.

Y es que el cantaor chiclanero tiene muy mucho del cañaílla, quizá más de lo que la gente a primera vista-escucha advierte. Reyes, a parte de un físico y una estética bastante parecida, es un extraordinario aficionado como lo era José Monge. Recrea a grandes con una facilidad pasmosa y al igual que el genio de San Fernando tiene una predilección por Caracol indisimulable. En esas recreaciones Reyes es cuando crea y es ahora cuando ha encontrado la horma para su zapato, un tocaor sin techo llamado Diego del Morao, de Jerez y de larga estirpe flamenca, que le da música para que estire su creatividad.

Ambos dos forman una dupla de ensueño que el sábado en Casabermeja, en su XXIX dieron una muestra de lo mágica que es esta unión. Ambos todavía no son conscientes de cuantos caminos les quedan por recorrer pero todos los veremos. Reyes-Morao se parecen demasiado a Camarón y Paco, salvando las diferencias por el momento, en cuanto a la profunda ansiedad que ambos tienen por experimentar y escucharse el uno al otro. Ya son casi imposibles los encuentros de fiesta entre un dúo que comparte escenario. Pero unos pocos pudimos ver la extraordinaria buena sintonía que entre ambos existe más allá de los focos y el público en esas reuniones de después, las llamadas de cabales pese a que en ellas yo siempre piense que estamos los menos cabales de todos.

Sí, les queda mucho para ser como aquellos dos pero ambos tienen hambre y necesidad y un imaginario de referencias tan parecido que asusta. De hecho esta unión, que ha cristalizado en un disco, genera tantas expectativas como responsabilidad u opciones de decepción. Los dos pueden morir bajo la acogotante sombra de ser algo único como aquellos dos. Morao tiene tantos matices ya como el toque del de Algeciras pero a ambos les falta algo que no deben perder nunca; la necesidad de avanzar, de beber de otras músicas, de experimentar nuevas formas.

La carrera del hijo de Moraito Chico está en la encrucijada de no verse atravesada por el inmovilismo del purismo más recalcitrante y si su guitarra quiere volar más allá de los círculos flamencos más convencionales le aportará seguro una frescura y nuevos lenguajes para transportarlos a lo jondo. A Reyes le ocurre lo mismo, si se mete en líos seguro que su descaro ganará enteros y su figura podrá aspirar al trono de los grandes. Entonces aquellos se atrevieron con cosas como la Leyenda, el disco que enganchó a una nueva generación y no hay por qué limitarle a estos a que prueben todo lo que les apetezca. Salvo unos pocos ejemplos actuales, muy pocos, el flamenco está falto de volver a conectar con cierta juventud con inquietudes culturales, ansias de renovación, hasta de su pizca de arrimón a la política si se tercia. Está el flamenco demasiado previsible en el cante, hace falta riesgo y hasta equivocación, provocación que al fin y al cabo siempre fue uno de los motores del arte.

Al margen de esta enorme digresión, la cual se remite únicamente a mi humilde opinión, la XXIX Olla Flamenca de Casabermeja estuvo realmente entretenida y fue curiosa por varios motivos. El primero es que el formato cena ligera (potaje, pringá y tarta) más actuación, es más propio de invierno y de otro tiempo, alarga demasiado la espera y pone al público en predisposición de somnolencia con el estómago tan recargado.

Ahora bien el éxito es que el formato mano a mano no alarga lo que el Festival de este mismo pueblo las esperas y se reproduce la opción de ver los artistas juntos en el fin de fiesta de una manera armónica y por momentos competitiva. Es decir un cartel más corto y más potente no tiene por qué ser menos atractivo, algo que parece mentira que en los tiempos del ‘snapchat’ no se haya implantado. Aquí un diez, hay que ir hacia el formato espectáculo y abolir la pesadez de los festivales clásicos. Al menos así de una vez podré ir con mi novia a estas cosas.

En esta ocasión si Reyes hizo cantes y más cantes con una asombrosa perfección su compañera de cartel, Tía Juana la del Pipa tiró por la calle del medio y resolvió al no verse muy cómoda. La Tina Turner de Jerez regaló unas pocas bulerías, soleá y seguiriyas para tomar a la velocidad del rayo el camino de vuelta a los jereles. A su edad y con su carisma le valen un par de apretones de garganta para dejar a los más exigentes más que saciados.

Calificación: ♠♠♠
XXIX Olla Flamenca de Casabermeja
9 de julio, 2016. 300 asistentes, lleno.
Antonio Reyes y Tía Juana la del Pipa al cante y Diego del Morao al toque.

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