Clase magistral en el Terral de Esperanza Fernández

La voz de Esperanza Fernández siempre me ha parecido de lo más interesante del flamenco actual. Dejando a un lado su discutida nasalidad, me refiero en lo muy interesante a las fuentes que abrevan en su cante, a la capacidad para no hacer jamás un recital igual que otro, su fecundidad de referencias, su variedad de palos, su interés por renovar el repertorio de letras. Es Esperanza Fernández un soplo de aire fresco que ayer despejó el terrorífico terral (habló aquí del viento) que había azotado la ciudad el día anterior como si hubiera sido castigada por una plaga bíblica.

Llegó ella y refrescó el Terral (el festival), lo mantuvo en la excelencia que mantiene esta cita con ciertas dificultades. Y otra cosa, reafirmó algo que parecía olvidado para la programación anterior del Cervantes; que lo jondo tiene tanto valor como otras músicas para estar ahí de una forma más visible. Una perugrullada que los aficionados, más que el malagueño de a pie, bastante indolente con su música más internacional, echábamos de menos.

Sobra decir que el salto que el Festival dio a Gibralfaro es todo un acierto en estos días de la canícula. ¿No debería hacerse por entero ahí arriba? Uno se pregunta por qué no se hacen más conciertos en esta maravillosa fortaleza que corona Málaga y si es tan difícil para el Ayuntamiento mejorarla en accesibilidad y en una red de lanzaderas para estas citas que sitúen el enclave como un referente del festivaleo veraniego nacional. Ejemplos hay que funcionan mucho mejor, en cuanto a intendencia, véase el mismo Castillo Sohail en Fuengirola o los del Baluarte de la Candelaria en Cádiz por dar dos ejemplos cercanos que parecen que no acumulan tanta desidia municipal por ponerlos en valor.

Dicho todo esto, la gitana sevillana se despachó a su gusto con un recital que podría catalogarse para entendidos. Algo que como suele ocurrir fue muy bien entendido por los que no chanelan tanto. A fin de cuentas, lo bien hecho y lo bien dicho transmiten sí o sí y esa debería ser la única regla imperturbable del flamenco, debilitado por demasiados debates centrípetos.

Con un acompañamiento de guitarra sideral de Miguel Ángel Cortés (no se puede sonar mejor), la artista se entregó a un recital de lo más variado; petenera (nada de supersticiones absurdas), caña, malagueña finiquitada por verdiales, alegrías de la Perla y bulerías de Cai, habaneras, marianas, toná-seguiriya y serrana y un doble bis por bulerías de la Paquera con unas pataítas a zapato quitao muy requeteflamencas. Es decir todo un recital con mayúsculas para un público que se quedó con ganas de más como suele ocurrir en los buenos conciertos.

Esta noche el mismo privilegiado escenario, el Castillo de Gibralfaro, vibrará con un cantaor que tiene todo el futuro por delante para optar a los títulos nobiliarios de este género, David Lagos, a menudo el contrapunto ortodoxo, sin serlo él, de los espectáculos de Israel Galván. Una voz de las que levantan las tapaeras del sentio. Lámpara minera.

Calificación: ♠♠♠♠
13 de julio. Festival Terral. Castillo de Gibralfaro. 300 localidades aprox. Málaga. 22.00 horas.
www.teatrocervantes.com

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