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Hunter S. Thompson, el periodismo gonzo que hoy no existe

Acabo de terminar ‘El diario del ron’, el primer libro de Hunter S. Thompson y sin haberme parecido una obra maestra me ha gustado lo que de reflexión sobre el periodismo tiene esta historia y lo que ya apunta sobre el género que él mismo creo, y que aquí está sólo bosquejado, el llamado periodismo gonzo, un extraño artefacto experimental en la que el plumilla, con mucho de personaje, se inmiscuye en la historia y deja sus alcohólicas o lisérgicas divagaciones además de intervenir en lo que sucede a su alrededor.

La novela exactamente cuenta, con mucho de autobiográfico, las visicitudes de un periodista estadounidense en horas bajas, corresponsal reportero en The Times, pero al que no le llega con estas colaboraciones, y que llega a un periódico también en horas bajas en San Juan, capital de Puerto Rico, para ganarse algo más que las migajas, a pesar del mucho prestigio que le regala la gran cabecera americana con la que viene recomendado, para subsistir.

Aquí pasará muchas penalidades igualmente. Incluido un paso efímero por los calabozos. Hay que recordar que Thompson pasó por The Times como copista y fue despedido por “insubordinación”, para ya poner en antecedentes del prenda que también había sido despedido del ejercito americano por rebeldía.

Al margen de esto, la novela en general cuenta la decrepitud de un medio atosigado por las deudas de su dueño y ciertas tensiones sociales de fondo en San Juan, a la postre estado no incorporado a los EEUU y con cierto autogobierno y algo receloso de lo yanqui. Aquí el narrador más bien se pone de parte de los puertorriqueños, aunque también traza cierto pintoresquismo elitista, y critica el colonialismo de su país de origen. Cabe preguntarse si la opinión del narrador coincidía con la del autor, que en su vida demostró en repetidas ocasiones ser bastante crítico con el american way of life.

Thompson que cuando escribió esta historia apenas tenía 22 años hace un brillante relato de los últimos días del medio rociándolo todo con mucho ron, incluso a la hora del desayuno. Hay líos de faldas y puñetazos por doquier. Todo muy gonzo pero a la vez muy incorporado a ese nuevo periodismo que hoy día confunde la calidad literaria con que escribía éste y los ahora programas que tratan por ejemplo de vivir en una cárcel, experimentar el toreo en 24 horas o dar a luz en directo. Eso no es gonzo.

No, lo que aquí Thompson relata está aderezado de ficcionalidad, es decir subraya los elementos más chirriantes sobre los nimios o intrascendentes, de la cotidianeidad, donde al fin y al cabo reposa lo extrictamente periodístico, dejando unas historias realmente fuertes como lo más interesante de la novela.

El creador de novelas tan trascendentales como ‘Miedo y asco en Las Vegas’ ya apunta aquí un buen ritmo narrativo, historias fuertes de violencia, sexo y alcohol y buen repaso a las presiones e intereses que laten detrás del ejercicio del periodismo, quizá lo más interesante, al menos para mí, de esta novela.

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