La Tercera Guerra Mundial que se jugó sobre su tablero de ajedrez

¿Qué hubiera pasado si Boris Spaski hubiera ganado en 1972 en la mejor partida de ajedrez de todos los tiempos a Bobby Fischer, el aspirante al cetro mundial? ¿Qué fue de Boris Spaski tras aquella atronadora derrota? ¿Se pudo haber dejado vencer en alguna de las partidas? ¿La paranoia persecutoria de Fischer pudo tener alguna justificación real, fue espiado alguna vez por la CIA, la KGB o el MOSAD como sospechaba? ¿Sirvió para decantar la Guerra Fría tras aquel legendario duelo? Todas estas preguntas y más son con las que uno sale de la genial película de Edward Zwick, ‘El caso Fischer’ y que no le van a la zaga a otros grandes aciertos de este director ya famoso por ‘Diamantes de Sangre’.

En esta ocasión Zwick plantea un biopic de intriga apoyado en dos grandes interpretaciones en los papeles de los maestros ajedrecistas; Tobey Maguire (Spiderman) que hace de Bobby Fischer y Michael Sthuhlbarg (Spotlight) que hace del ruso Boris Spaski. La película retrata con acierto el nacimiento de una estrella mediática llamada Bobby Fischer que en su niñez ya fue en casa aleccionado para desconfiar del espionaje del gobierno americano. Inmiscuida como estaba su madre en movimientos comunistas dentro del país en un momento donde se disparó la Caza de Brujas. El pequeño Fischer se crió mirando a través de los visillos en las reuniones de filosocialistas que se celebraban en casa.

Esto da pie para ir creando la figura de un joven que se obsesiona por el ajedrez hasta el punto de echar a su madre de casa, para tener silencio y tranquilidad y seguir su aprendizaje en este juego, el cual le ha absorbido literalmente la sesera. Desde su humilde Brooklyn natal entrará en contacto con un buen maestro y con un club de lectura donde comienza a coleccionar las revistas donde se publican las grandes partidas de los maestros rusos. Las memorizará de pe a pa.

Creciendo y creciendo en sus inseguridades y sus primeros problemas mentales el púber Fischer comenzará a demostrar por contra su tremenda actitud para el juego así como una arrogancia made in USA para verse desde muy pronto capaz de optar al trono mundial que ha sido dominado por los rusos en los últimos 30 años. Siendo todavía muy joven se proclamará varias veces campeón nacional, lo que le lanza a ser ‘vendido’ como candidato al título mundial algo que EEUU no había vivido nunca.

La película muestra la ambición de Fischer ya en la Copa Piatigorsky, que se celebró en Santa Mónica, California, en 1966, con la presencia del campeón del mundo, Tigran Petrosian y la del entonces aspirante ruso Spaski. Este es un buen momento para mostrarnos las diferencias USA-URSS en lo que representaban para el mundo, Fischer es un candidato al que a duras penas le consiguen patrocinadores (individualismo capitalista) y se tiene que alojar en moteles de carretera mientras Spaski entra en escena con todo un séquito de colaboradores rusos (además de espías) que lo alojan en los mejores hoteles y que representan la cuestión de estado que para entonces era este deporte para el sistema comunista que tenía esta disciplina.

Paradógicamente aquí Fischer envidia las condiciones de buenos hoteles y coches para desplazarse que se disponen para Spaski mientras él apenas es reconocido. Ya se empieza a hacer célebre por sus históricas espantadas y exigencias a los organizadores. Spaski, por su parte, se ve disfrutando con envidia de la música rock estadounidense en su habitación O jaula de oro y no tanto del entorno de libertad que era visible entonces en California. Mientras empieza a desarrollar cierta desconfianza y asqueo sobre el férreo control que ejercen sobre él su cohorte de ayudantes, entre ellos seguro que algún enviado de la KGB.

En California Fischer será vencido claramente por Petrosian y Spaski y será precisamente esta derrota la que sirva de acicate para dedicarse durante varios años a ganar a grandes maestros europeos lo que hará, pasado un tiempo, que ya sea un serio aspirante al cetro mundial de Spaski en 1972. Ésta sería la denominada partida del siglo, planteada en Reijiavick (Islandia), territorio neutral y a medio camino entre las peligrosamente enfrentadas dos potencias mundiales, en el momento más álgido de la Guerra Fría.

En los prolegómenos de la partida se sucederán los más célebres ataques de paranoia de Fischer, al que incluso su familia había pedido que fuera tratado por psiquiatras vistas las cartas que le llegaban de él y donde les avisaba de que era espiado día y noche en su intimidad por rusos y judíos. Paranoia persecutoria.

El momento más hilarante de su difícil relación con este reto histórico, y sus problemas llegó cuando no hizo acto de presencia en la presentación del torneo por encontrarse con la indeseable en el aeropuerto y luego perdió sus dos primeros juegos por una actitud desconcertante y caprichosa pidiendo que no jugaría más si el público no era retirado de la sala junto con la prensa, por el silencio necesitado y añadiendo excentricidades como que las piezas de juego fueran de madera o no brillara tanto el tablero.

El colmo fue que pidió que el Match siguiera en una pequeña sala de ping-pong aledaña, lo cual crecido en su superioridad aceptó Spaski. Para más surrealismo de la partida que mantenía a millones de personas pendientes de sus televisores a ambos lados del Atlántico, Spaski llegó a entrar en esta dinámica y pidió analizar la silla sobre la que se sentaba, y hasta pasarla por rayos X porque la encontraba extrañamente incómoda y con un “ruidito”. Su séquito de camaradas también llegaron a solicitar que se analizara el aire del espacio donde se jugaba porque los americanos podrían haber inducido a ignósis a Boris. Fischer había conseguido algo, trasladar su psicosis de bando.

Fischer remontaría y ganaría sobre todo con una combinación gloriosa de su talento innato y sus sorpresivas salidas en algunos de sus decisivos juegos, lo que terminó por ‘sacar de sus casillas’ a Spaski que en la mítica partida 6 vio como el inesperado ataque del brooklynita le hacía trizas y sus piezas caían una tras otra en la mayor exhibición de juego que jamás se haya visto en este deporte. Spaski acabaría rindiéndose por teléfono y la película sembrando las dudas de todo aquello cuando deja a Fischer dudando de la resolución de algunas de las partidas decisivas, como diciéndose para sus adentros que quizá el ruso le podría haber plantado más resistencia.

Aquí reside el cénit de la historia contada y luego queda de cola de película su eclipse cuando se negó en rotundo a jugar con nadie más tras esta victoria por su incontrolado miedo a perder. Para no hacerlo siempre puso inaceptables condiciones que negaron al gran aspirante Karpov a jugar contra él, siendo proclamado campeón mundial por desposesión de Fischer. El neoyorkino pasó entonces a llevar una vida aún más errática y alejada de la vida pública, inmerso en sus problemas psiquiátricos y a unas condiciones de indigencia.

En 1992, veinte años después de proclamarse campeón del mundo, y ya ciudadano francés, Fischer aceptaría jugar contra Spaski de nuevo en la Yugoslavia comunista, país bloqueado por USA. Esta acción le valió ser sancionado por la administración americana. Fischer aceptó pelear por una bolsa de 3,5 millones de dólares, con una buena cantidad también para el perdedor.

Todo esto queda expuesta en la película en un rápido final que no deja de ser emocionante por la caída en desgracia del Dios Fischer. El mismo que dio la victoria a Estados Unidos en la Tercera Guerra Mundial jugada sobre un tablero de ajedrez.

Todas las preguntas del principio nacen tras esta película.

CINE ALBÉNIZ
Calificación: ♠♠♠♠
25 de julio. C/Alcazabilla. Málaga.
Precio: 6,50 euros.
Sala 4
Sesiones hoy: 18:35h
114 min
Biopic
V.O.S.E.

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