flamenco

Las castas del flamenco siguen vivas

 

Las familias del flamenco no dejan de fecundar nuevas generaciones. Esto resulta bastante poco noticioso para los aficionados al flamenco que lo asumen como algo natural, congénito al propio discurrir de la historia de lo jondo en sus dos siglos de vida oficial. Más cuando la familiaridad del gremio les ha dado para vivir el nacimiento de esos retoños en actos de cercanía como en peñas o celebraciones de barrio.

Generación tras generación el flamenco, un arte que sigue siendo para inmensas minorías, se ha perpetuado en un atavismo de mesa camilla, algo que no ocurre en otros géneros musicales. Y todo ello pese a que el peso estadístico del futuro se lo llevan los nuevos especímenes surgidos de los conservatorios de música y danza, con grados superiores de sus tres modalidades ya. Resulta muy llamativo que la sangre siga mandando en gran parte de lo más brillante de esta cultura en la era de los instagramers y los vídeos de youtube. Donde ‘aprender’ está al alcance de cualquiera.

Así cabe sorprenderse por un saga como la de los Farrucos, que está más fuerte que nunca si cabe. Hermanos, primos y tíos, de los buenos manantiales se forman los buenos ríos, que dice la letra. Y en esta familia es ley. Hasta seis primos llegan a juntarse en su formato de actuación más de casta. La gran promesa de la nueva estirpe es el primogénito de Farruquito que con cuatro años ya se pega unas ‘pataítas’ en sus espectáculos que dejan boquiabierto al más acérrimo seguidor del cuadro. Este sábado 24 de septiembre quizá sea su bautismo de sangre en la Bienal de Flamenco de Sevilla dentro del espectáculo ‘Baile Moreno’. Juan ‘El Moreno’ se llama.

Es sólo un ejemplo porque el futuro de este arte también tiene en el cante grandes relevos de no menos grandes progenitores; desde Jerez asoma una María Terremoto que quiere alargar la carrera de su padre, Terremoto Hijo, a su vez vástago del gran Terremoto de Jerez. Ambos con abrupto, prematuro y muy llorado final de sus vidas. Tiene sólo 17 años y toda la vida por delante. Ya ha apuntado su poderío en citas de importancia y también está convocada a confirmarse en esta Bienal hispalense de 2016.

En el cante cabría citar a relevos algo más placeados pero que en su apogeo juvenil mantienen vivas las marcas de la casa, la denominación genética de origen como el propio Enrique Morente Jr o Kiki Morente (Estrella ya lo era y Soleá ha optado por la canción). Juan José Amador Hijo, de otra saga prolífica donde las haya; Los Amador de Sevilla, con Raimundo, Rafael o Diego, cohabita con otros espejos donde mirarse. Cantan con la afición y el conocimiento de haberlo mamado en casa.

Más entrados en edad y aparición en carteles de tronío están Rancapino Chico o Hijo que es ya una confirmación del cante con mucho del almíbar de su padre o Valderrama Hijo que es más cantante pero guarda el regusto jondo de su legendario progenitor. En Lebrija hay futuro de la insigne casa de los Perrate-Peña con Dorantes al piano. Gema Moneo al baile, de los Moneo de Jerez, es otro exponente más de esta nueva generación.

La casa de Don José Monge Cruz ‘Camarón de la Isla’ ha dado un guitarrista de provisión como Luis Monge. De otra grandísima estirpe, la de los Carmona reluce ya con luz propia Habichuela nieto. Pero en esta displicina quien lleva el enorme peso de un remoquete es el joven Diego del Morao al que le ha tocao no hacer olvidar a su padre Moraíto Chico, carisma puro. Sus seis cuerdas son de las más solicitadas en el panorama actual.

Los hay muchos más como Antonio Agujetas Hijo, Bonela Hijo, Amparo Heredia ‘La Repompilla’ y tantos otros; no tan jóvenes como los primeros pero herederos de una casta que ha impuesto la profesión de sus mayores. Y es que el flamenco pese a estar en el siglo XXI tiene la consanguineidad atravesada como ya ocurría en sus primeros amaneceres marginales del siglo XIX.

No hay comentarios

Publicar un comentario