Los carnívoros y los veganos se dan la mano

— Últimas horas con Juanjo Fuentes

En cierta ocasión comparé al artista Juanjo Fuentes con un Marcel Duchamp a la malagueña. Me reafirmo. Su ruidosa manera de reirse de todo lo plúmbeo y pretencioso del arte está en cada una de sus obras. Esta manera de actuar en el campo artístico es una extensión de su propia vida, que también daría para una biografía de lo sur-realista. Y además daría para explicar cierta fijación suya en lo que nos llevamos a la boca.

En su nueva entrega expuesta, ya por sólo unas horas, en la Alianza Francesa de Málaga, Fuentes emerge (cómo no ser emergente Juanjo siendo Fuentes de apellido) con un discurso igual de procaz que fino y delicado. Erotismo y gastronomía se mezclan con figurines casporretes de Yadró, o porcelana, todos atrapados en yogurteras y queseras que parecen ser paralizadores de la acción que estamos viendo.

‘Los carnívoros y los veganos se dan la mano’ lleva por título este despiporre que no es más que una provocación de buen gusto sobre esta polémica absurda que sufrimos en silencio muchos esperando que pase pronto y no nos condenen a un mundo sin jamón.

En este micromundo utópico de Fuentes conviven pequeños liliputienses con enormes frutas y hortalizas, de las que salen a colación historias, escenas, tan locas como sentidas, como ese pañito de cocina en el que el olfato le lleva a recordar su llegada al servicio militar; ‘El bocadillo de chorizo’ se llama la obra, sin retruécanos.

Como este recuerdo también hay otros de amigos que lo fueron, a los que se les subió la modernidad y la bohemia a la cabeza sentenciados por un ‘Narciso’ que mira absorto una escena desbordante con pareja practicando sexo incluida.

Una de las mejores muestras de su gamberrismo es ‘Mortadela escayolada’ en el que una joven de de la vendimia, o algo parecido, con el brazo cual ‘choni barriera’ firmado, viste una falda hecha del socorrido embutido con aceitunas. ‘Jamón’ es otra de ellas en las que una decimonónica damisela con cancán y sombrilla, está tapada con una falta hecha del preciado producto ibérico.

‘A qué jugamos’ o ‘Cállate y come’ incluyen otras escenas de figurines de porcelana de alto contenido erótico en el que las formas fálicas de cantimpalo sirven para satisfacer más paladares. Divertidas y procaces revuelven un mundo de pitiminí donde llegan al asalto cual chicos de ‘La naranja mecánica’.

Entre otras muchas también destaca el bote dorado de Fairy. Inodoro fuente de Duchamp. Ese más que icono de un tiempo que se nos va entre lavavajillas de últrageneración y megasilenciosos. Quizá una de las más impactantes y que a fin de cuentas representa mejor que otras ese mundo de bajos instintos, sexo y comida, mezclado con fino humor e intelectualidad made in Juanjo Fuentes.

No se la pierdan en el poco ratito que le queda.

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