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El maestro Chaves Nogales que casi estuvo allí

Terminar de leer la última página y sentir que un escalofrío muy intenso te recorre el cuerpo. Qué épica la del escritor perdido entre dos frentes que toma nota de esta biografía de película, qué epopeya la del protagonista de este libro, Juan Martínez, bailaor raso, de Burgos, en mitad de la Gran Guerra y de la revolución soviética. Españolito heroico.

Manuel Chaves Nogales y Juan Martínez no son la misma persona pero a raíz de mi primer acercamiento a este gran periodista sevillano se descubren fácilmente vasos comunicantes en un narrador inconmensurable, una mente preclara, adelantada a su tiempo, un espíritu valiente de auténtico plumilla y un hombre que arrinconado por sus ideas políticas en Londrés duerme el sueño de los justos en una tumba sin siquiera una inscripción en ella y sin reconocimientos de nadie a la vista.Tiene mucho que ver con este luchador fabuloso llamado Juan Martínez que atraviesa Europa de 1914 a 1921 y vive todos los contratiempos inimaginables sin perder nunca su chaquetilla de bailaor.

Y ahora yo sólo digo que sólo soy un lector, una brizna de hierba como diría Whitman y para mí Chaves Nogales está más vivo que nunca en este volumen recuperado ahora por Libros del Asteroide y tan bien prologado por Andrés Trapiello. Chaves Nogales y esa tercera vía del pensamiento está de radiante actualidad en mitad de este ascenso de los radicalismos (religiosos o racistas) aunque no sea estrictamente el tema del libro, sino más bien otra sinrazón que lo persiguió a Manuel y a Juan; la explosión de los totalitarismos, los estragos de las guerras y en este caso del salvajismo de los primeros tiempos de la revolución bolchevique. Esperemos no verlos nunca más.

Aquí en este volumen se cuenta la irrupción de la dictadura del proletariado en la Rusia blanca de los zares donde el hambre cundía tanto como los ricos oropeles en los palacios de San Petersburgo.Aquí se narra una epopeya de superviviencia máxima. Se da cuenta del estallido indiscriminado de la violencia en las guerras, de los caminos siempre espinosos de los refugiados que huyen de ellas, de las tropelías de los que acumulan poder en mitad de la desesperación de muchos, del precio tan bajo que puede llegar a tener una vida humana, de las calamidades del no tener trabajo, del pasar frío, miedo, del morderse la lengua, aguantar desafíos de la autoridad, faltas de respeto, hambre mucha hambre…

Leyéndola sólo he encontrado viajes similares de penalidades en casos tan extremos como en ‘América, América’ de Elia Kazan, esa dureza del que lucha a contracorriente de ‘Tiempo de gitanos’ de Kusturica o en las peripecias para salvarlas de la propia Odisea.Historias humanas de superación de penalidades que aquí tienen un caso paradigmático y además esclarecedor de que el sistema comunista también se impuso en mitad de una horrible y multitudinaria masacre, sobre decenas de miles de vidas sesgadas bajo el fuego del hambre y la enfermedad, de la pobreza más sublime sin orden, ni concierto. Nada bella esta historia.

Es éste un libro de enseñanza de hasta donde un hombre es capaz de aguantar, de cuánta condición de humanidad puede tener o puede perder, de hasta dónde puede mantener sus principios, un canto al amor de la patria lejana, de homenaje al flamenco como lenguaje universal que obnubila a extraños más que propios por su autenticidad inigualable. Es sinceramente uno de los mejores libros que pueden recomendarse. Tanto o más que la biografía del autor, un hombre, andaluz para más señas, contra su tiempo de bandos, que murió pronto pero dejó un legado hondo, muy hondo.

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