Homenaje a Di Stefano por Lee Konitz

La celebración del 30 Festival de Jazz de Málaga había conseguido un nombre extraordinario para las tablas del Teatro Cervantes; Lee Konitz. A los menos versados en jazz nos lo decían y abatíamos la cabeza para encadenar esas frases-lugares comunes sobre un Di Stefano del saxo al que había que darle calor por lo mucho que había dado a la música.

De principio el astro, al que le aupa al trono de imprescindibles el haber tocado con genios como Miles Davis y llevar en la brecha desde mediados del siglo pasado, se quiso quitar en todo momento su aura de estrella, como genialmente le ocurre a la gente de esta música que acuden a los escenarios como si fueran a tomar cañas con un amigo.

Quizá esto fue de lo más interesante del evento, que por otra parte no consiguió ni llenar las tres terceras partes del primer teatro de la ciudad con semejante propuesta. Y es que la ciudad en la actualidad está sobrecargada de eventos y de programaciones de todo tipo y rango que no hacen más que confundir al espectador sobre lo que es bueno y lo que es mediocre. Perdonen que me las dé de catalizador, habiendo dicho antes que no estoy muy versado entre pitos y flautas, pero la veteranía y la experiencia siempre fueron valores a los que rendir culto por encima de otros.

Pues bien con la idea de no darse rumbo Konitz nos transmitió muchas cosas más que sus temas estándar, que pueden llamarse clásicos y que a todos se nos pegaron a la oreja para recrearnos calles de Nueva York, atmósferas frías de Chicago, películas de clubes en tiempos de la Ley Seca, amores que se pierden entre la Quinta y la Sexta avenida, tardes woodyallenianas en Central Park, derroteros cool por Brooklyn y hasta ajustes de cuentas en Hells Kitchen en tiempos de las crónicas de Peter Asbury.

Eso tiene el jazz cané que nos recrea atmósferas sofisticadas, con olor a libro y a güisqui on the rock, melancólicas las más de las veces. También un clima propio para la seducción amorosa o para las confesiones más íntimas. Konitz nos hizo partícipes de una bohemia que ya fue o que tiene tanto de marginal por el gran público como el flamenco. Konitz se dispuso a trasladarnos a otro tiempo con esos clásicos y con una forma de soplar que ya evidentemente no tiene el brío de los veinte años pero si las esencias del perfume caro, poco pero exquisito.

Mi amigo y más melómano que nadie, Andrés Varea, me chivó los temas, entre otras cosas porque es de los que se beben el festival cuando puede, y se hizo hasta con la set list de la noche, a medianoche… Así que les cuento que tocó Cherokee, How deep is the ocean, Body and soul, All things, Sweet and lovely, Summertime, I fall in love too easily (estas tres últimas con la voz acompañante y siempre elegante de Suzzete, para terminar con The song is you y Stella by starlight, en un parte final en la que canturreó con un acompasamiento de matemático de Harvard.

A pesar de todo ello me quedó con la atmósfera tan auténtica que generó, la calidad de su viento y lo bien que lo secundaron sobre todo Marco Mezquida al piano (que lo hizo que abriera todos sus temas y hasta lo buscó como el ciego del Lazarillo cuando se apartó un segundo de su vera), Bori Albero al contrabajo y Ramón Prats a la batería hicieron el resto del cuadro.

Pero lo dicho, yo me quedo con la profundidad de la anécdota; la cara de despistado de un Konitz que a sus 89 sigue viajando sólo por el mundo, pidió el saxo prestado a Ernesto Auricnag para su compromiso en Málaga y salió al escenario diciendo que había perdido la chaqueta, sonándose mucho la nariz, algo resfriado, y limpiando sus gafas cada tanto casi con el mismo pañuelo. Genio y figura. Como me dijo otro fino analista amigo, todo fue; “un buen homenaje a Di Stefano”.

(Apunte de la organización: El saxofonista estadounidense recibió el Premio ‘Cifu’ del Festival Internacional de Jazz de Málaga de manos de la viuda de Juan Claudio Cifuentes, Isabel Zaro. La cantante neoyorkina afincada en Málaga Suzette Moncrief fue la maestra de ceremonias de la entrega de este galardón, que se ha instituido esta edición con el apoyo de la Asociación Juan Claudio Cifuentes Cifujazz y que cada año reconocerá la carrera de uno de los músicos más relevantes del programa).

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