Al Di Meola se acuerda de Paco de Lucía

Fotos de Daniel Pérez/ Teatro Cervantes

Quizá fue sólo la anécdota de un concierto magistral pero Al Di Meola, pese a aquel triunvirato que debió de ser volcánico, se acordó de Paco de Lucía y alzó sus manos al cielo (Recuerden Dios-Mac Laughlin y ADM). No era un Friday night en San Francisco, sino un Jueves en Málaga que resultó un emocionante minitributo y un ejercicio de melancolía por aquella forma de hacer música.

En ese momento con el Teatro lleno de ovación -estuvo lleno también de espectadores- seguro que miró entre sus gafas de pasta al fresco de Ferrándiz y seguro que vio su gloriosa calva. Luego sintió cómo la gente a brazo torcido entre aplausos celebraba todavía hoy aquella unión eterna de las mejores guitarras de Occidente y brotaban los oles. Paco donde quiera que estés que sepas que nos sigues sacando lágrimas en tu ausencia, incluso en un concierto de Di Meola, como las del amigo de la butaca de al lado anoche en el 30 Festival de Jazz de Málaga, ciudad donde tanto acudiste.

Ese bis fue el colofón a un repaso memorable por su discofrafía y por su llamado jazz fusión, que bueno a mí me parece una etiqueta confusa pues Di Meola lo veo más en una clave Mediterránea que otra cosa. Al margen de esto, estuvo muy bien secundado por Peo Alfonsi en todo momento. El americano no puede tocar con más sensibilidad, limpieza, más virtuosismo y más torrencialidad de sensaciones. Es un auténtico maestro de maestros en la guitarra de solista. Pocos como él tienen de hecho ese tirón de público internacional, que anoche en el Cervantes se tradujo en un casi fifty fifty.

Tiene Al Di Meola un aspecto todavía de galán latino con su acento yanqui de ciudad y su antitrumpismo a flor de piel. Las fotos de posado para la prensa los días previos a su concierto para Sevilla y Málaga daban una medida del ‘mequiero’ del personaje. Se lo puede creer, de hecho. La imagen que no quita el fondo. “Todavía estoy en shock por la victoria de Trump”, dijo tras ofrecer un concierto largo de noventa minutos donde repitió como Lee Konitz y Rubalcaba en días anteriores, el miedo a su nuevo presidente.

Pero volviendo a la música, Di Meola se paseó a bordo de su guitarra por miles de connotaciones musicales, por territorios ya exterminados por la música de Spotify, se asomó al flamenco con ese tema regalo que hemos dicho y de la mano de un sorpresón, Antonio Rodríguez, como guitarrista invitado; antes hizo con éste un tango; se fue a Marruecos a escuchar gnawa, rememoró mandolinas medievales, ritmos caribeños casi de tumbao, se subió a una guitar hero, hizo unas contínuas cortinillas de organillo retroferiales, pasaba de acústico a eléctrico con sólo un pedal… Fue un abordaje sexual para los oídos.

Y ah, hizo un homenaje realmente bello de la BSO de ‘Cinema Paradiso’ de Morricone, oscarizado de una vez, con una delicadeza y elegancia de poner los vellos de punta.

Si ustedes se lo perdieron que sepan que todavía hay un clásico pendiente Stanley Clarke, el domingo, en este 30Festival de Jazz de Málaga que al final está teniendo una respuesta de público y de buenas sensaciones muy notable.

 

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