Cartel de los 100 festivales de Frank Evans.

Frank Evans, el torero inglés; “tuve cartas en casa deseando mi muerte y una bomba”

Franks Evans en una foto de Jesús Domínguez.

Franks Evans en una foto de Jesús Domínguez.

Entrevista publicada en el Diario El Mundo el 22 de febrero de 2016. Foto de Jesús Domínguez.

Es el mejor torero de Inglaterra (y el peor) con dos rodillas de titanio, una de jugar al rugby, y un cuádruple bypass. Pese a ello y a su edad no deja de soñar con completar su faena perfecta. Y es que los románticos nunca dicen adiós. Por eso es que ahora Frank Evans (Salford, Manchester, 1942) se niega a no celebrar en los ruedos, con todo el lujo que pueda, el 25 aniversario de su alternativa. Su historia es la de un hombre incomprendido, que ha sufrido como pocos el animalismo de los animalistas y a una minoría del gremio que lo han tomado a chufla. Pero él tiene mano izquierda. Entre otras historietas de una biografía de libro, también fue amigo y socio de George Best y es un empresario inmobiliario de éxito en su ciudad. Es otro personaje más de ‘La otra vida de…’

PREGUNTA.- ¿Hizo al final los cien festivales con los que quería dar por terminada su carrera?

RESPUESTA.- Sí, en Mijas con novillos de Cebada Gago. No eran fáciles. Cumplí con ese número junto a Pepe Luis Martín, un gran torero de Ronda y mi amigo Francisco José Porras.

P.- ¿Era para usted un último reto?

R.- Sí, hicimos una fiesta después y todo. Tengo también cuarenta y tantas corridas y unas cuarenta novilladas. Quedará para los anales de la tauromaquia.

P.- ¿Y se ha cortado la coleta ya entonces?

R.- No. No lo he hecho. Ya estaré en los 110 festivales desde entonces. Pero quiero celebrar los 25 años de mi alternativa este año. Había que hacer algo importante.

P.- ¿Le ha rentado a usted, como inglés encima, dedicarse a esto, explicar tantas veces por qué lo hace?

R.- Aquí en España, siempre está el que soy inglés. El explicar cómo se me ha ocurrido. Pero bueno hay gente que piensa que más al norte que Chiclana ya vas siendo cada vez menos torero. Así que imagínate. Pero el arte no es patrimonio de nadie, es del ser humano. Está en la expresión de cada uno. Yo hago un natural y José Tomás hace otro. Él deja más gente en la calle que dentro de la plaza y yo no lleno media plaza. Eso es el arte; la capacidad de cada uno de expresar con la misma cosa. Solamente doy explicaciones de esto en entrevistas, el resto del día soy el mismo torero que otro. Voy al campo, me entreno. Nadie me trata diferente.

P.- ¿Y no ha sentido dentro de la profesión un trato especial por ser inglés?

R.- Hay habido algunos graciosos que han tratado de tomarme el pelo. Pero es más difícil ser torero en Manchester que aquí. Si te ponen obstáculos, es feo. Pero son una minoría.

P.- ¿Cómo ve el crecimiento del movimiento antitaurino?

R.- Ellos le están enseñando a la gente cómo sufre el toro. Sólo quieren prohibición y la fiesta no es totalmente buena, ni mala. Los taurinos tampoco quieren escuchar a esta gente. La masa que hay entre ambos grupos es la que decidirá si la fiesta sigue o no en el futuro. Creo que hay que pensar en cómo modificarla para que sea aceptable a todo el mundo. El crecimiento del toro en el campo es algo ecológico que nos pone de acuerdo a todos. Pero luego está la plaza.

P.- ¿Qué eliminaría de lo que son los toros en la plaza?

R.- A todo el mundo le gusta una verónica. E igual le resulta interesante lo que pasa con la muleta. Donde hay problemas para el extranjero y el antitaurino está en la suerte de picar al toro, y en su muerte. En 2003 cuando el caso de ‘las vacas locas’ se mataron toros con pistolas de aire. ¿Por qué volvimos a la espada? Hace poco en Madrid un torero falló con ella varias veces y descabelló veinte veces. Eso ahuyenta a la gente de las plazas.

P.- ¿Me está diciendo que aboga por quitar que se pique a los toros y se les mate en la plaza?

R.- No tengo la influencia. Pero hay gente que sí, dentro del toro, que piensa como yo. Ahora mismo estás obligado a matarlo con la espada.

P.- ¿Sería una manera de salvar la fiesta?

R.- Si los taurinos no cambiamos la fiesta, los antitaurinos la van a quitar. La fiesta está en crisis. Hay graves problemas económicos.

P.- ¿Qué es lo más desagradable que le han dicho por ser matador de toros?

R.- Tuve cartas en casa deseando mi muerte ante un toro y una bomba. Es especialmente duro cuando las cartas se las han hecho llegar a mi madre o mi mujer. Las bombas le llegaron a otras siete personas. Incluidos médicos que experimentaban con animales. Fue hace unos años. Atraparon al tipo que nos la mandó y le cayeron doce años. Si he aceptado que soy torero tengo que aceptar esto pero sufro por los míos. Es como ser político en cierta forma.

P.- ¿En qué momento decidió ser torero?

R.- Mi padre vio toros de cuando estuvo en la guerra en Gibraltar. Luego fue político y ayudó con algunos papeles a emigrantes españoles que llegaron a Salford. Una de las familias aquellas me invitaron a una boda en Granada. Fue en el Corpus. Fui a los toros. Me encantó. Volví a Inglaterra y alguien me regaló la biografía de Vicente Charles, el primer torero inglés. Y pensé, bueno también podemos hacerlo nosotros.

P.- ¿Y qué le faltó a usted para ser figura del toreo?

R.- Haber empezado antes. Empecé con 20 años. Yo era jugador de rugby antes. Las cosas normales… No hablaba español cuando vine. Fue una locura meterme en esto.

P.- ¿Tienen algo de parecido el rugby y los toros?

R.- Piden algo de valor. Yo jugaba de extremo así que iba un poco por mi cuenta, como el torero que va sólo, aunque tenga cuadrilla. Como el ‘striker’ en el fútbol. Yo no entraba en melés (risas).

P.- ¿Hay algo en la vida parecido a pegarle un lance a un toro?

R.- Hacer el amor por ejemplo. O un gol en el fútbol. Pero los toros tienen el peligro de que te pueden matar.

P.- ¿Hay una leyenda de que tenía un toro mecánico en su jardín en Manchester para entrenar?

R.-Tenía un carrito del súper, con una bala de paja al que salgo a pegarle diez o doce espadazos por la tarde. Los ingleses ven esto y dicen que tengo un toro mecánico, es por ridiculizarme.

P.- Yo le digo George Best y usted me dice…

R.- Mi socio inmobiliario. Un loco, un genio del balón. El mejor jugador británico de todos los tiempos. Se enamoraba de cualquier chica. Quedabas con él y no aparecía. Se quedaba en la cama.

P.- ¿Hay un nieto que va a prolongar la dinastía Evans?

R.- No me lo dejan mis hijos. Les compré un capote y sus padres se los escondieron.

La pregunta del fotógrafo.- ¿Y ligó mucho cuando joven de torero?

R.- Sí, sigo. Hay mujeres que se acostaron con el traje de luces, no conmigo. Porque era torero.

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