Vayan a ver ‘Omega’, el disco que pudo no haber sido

Vayan a ver ‘Omega‘, el documental del disco que pudo no haber sido. El trabajo audiovisual dirigido por José Sánchez-Montes y escrito por Gervasio Iglesias es un buen repaso a todas las calamidades, obstáculos, desencuentros, críticas y finalmente éxito que una obra de arte inaudita tuvo que pasar para finalmente ser publicado. Fue el caso de aquella joya nunca todavía bien valorada de hace 20 años. Es eso sin duda lo más jugoso de este recorrido por la figura de un artista por los siglos de los siglos genial; Enrique Morente.

La cinta cuenta con un desarrollo ameno, variado en protagonistas, material inédito, escenas lagrimógenas y sobre todo varias declaraciones antológicas del Ronco del Albaicín que merecen con creces el precio de una entrada de cine. Las que abren el documental son para enmarcarlas, dignas de un epitafio (no les hago de spoiler). Luego está que todo en general hace justicia con este creador y con aquella locura que fue ‘Omega’, un disco hipercelebrado por todo el mundo mundial menos por sus hostigadores flamencólicos de siempre.

En el comienzo del mismo está la germinación de la idea, partiendo de un alumbramiento de Morente ante la poética de Leornard Cohen. A posteriori surgió Lorca como pegamento entre los dos artistas. Pese a lo que pudiera pensarse la relación personal entre Cohen y Morente fue escasa pero intensa, el gran encuentro fue en un restaurante capitalino por el que precisamente paraba el autor de ‘Poeta en Nueva York‘. Curiosamente, el recorrido de este disco acabaría en una segunda etapa de conciertos precisamente en Nueva York, bonito epílogo a una obra maestra.

A partir de esa semilla y de la presentación de un Morente que ya estaba haciendo temblar los cimientos del flamenco tradicional el documental avanza hacia el encuentro nocturno y primitivo con Lagartija Nick (grupo de punk rock granadino) y el cantaor, que tiene mucho de divertido, con sus chispazos por el choque de estilos, hasta su llegada a Madrid para la grabación. Allí básicamente el líder de los Lagartija, Antonio Arias, peleará contra viento y marea porque termine publicándose. En solitario.

En esos momentos le faltó poco para quedarse en barbecho por las dudas de los productores y mecenas, además de algunos allegados que reconocen que le dijeron a Enrique que lo estaban engañando y aquello valía poco. Menos mal. Enrique Morente también llegó a espetarle a Antonio Arias: “¿Es que quieres acabar con mi carrera?”. Pero es que los genios también dudan.

Entre los momentos divertidos de verdad están esas invitaciones verbales de Morente a “molestar” con el disco, “no solamenta vamos a ser molestados ¿no?” y su similar final a ‘La leyenda del tiempo’ de Camarón después del éxito y tanta batalla, “lo próximo que haré será una gira por peñas flamencas de 24 horas a dos de la mañana”, afirma sarcástico. Aurora Carbonell, su hija Estrella, Soleá y Kiki, sus otros hijos, ponen el toque cariñoso y sentimental a este tributo además de esas imágenes de la madre de Morente y Enrique dedicándole un cante hiperortodoxo que te eriza los vellos. Para mí de lo más emocionante.

La cinta termina subrayando la incontinencia creativa y subversiva del personaje después de Omega donde ya empezó a acercarse a los rockeros con menos complejos como aquel célebre encuentro con Sonic Youth, para más tarde ofrecer algunas de sus mejores aventuras interesándose por un mundo picassiano que acabaría desembocando en ‘Pablo de Málaga‘, a mi parecer uno de los mejores discos de Enrique Morente y muy poco tenido en cuenta por la crítica.

 

 

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