Fotogramas de Paterson, Sinecdoque, New York, Ocho y medio y Birdman

De ‘Paterson’ a ‘Birdman’, la delgada frontera entre realidad y ficción

Existen una serie de películas que guardan un hilo conductor común; la finísima, cuando no inexistente, barrera entre la realidad y la ficción (Borges las difuminó por completo). Muchas veces el cine ha jugado a eso. A personajes que buscan la ficción artística y acaban dándose cuenta de que la vida es la mayor obra de arte posible. La reciente ‘Paterson’ de Jim Jarmush me ha recordado otras películas en las que el protagonista luchaba contra su incapacidad de reflejar toda la poesía que le rodea o simplemente piensa como en esta de Jarmush que su rutinaria vida no puede acabar en una gran vida literaria. Cosa que está radicalmente probado que no es incompatible.

A raíz de ‘Paterson’, película que acarició, al menos por el resultado de algunas críticas, la Palma de Oro en Cannes, descubrí un nexo común entre varias películas brillantísimas (cierto que ayudado por mi pareja que se dio cuenta de esto mucho antes) en las que hay un tipo que pelea por conseguir esa inspiración y que se queda literalmente bloqueado cuando ve que su propia vida y sus propias vivencias han sobrepasado su obra por muy nimias que sean estas cosas. Pues toda pequeña cosa, como los fósforos que dan vida a poemas grandiosos como los de William Carlos Williams son evocadores. Este poeta está muy presente en la sensibilidad de Jarmush. “Cada hombre es una ciudad”, dijo. ¿No es la vida de cada ser un poema por escribir?

Esta idea de que la inspiración somos nosotros mismos o está en la maravillosa obra que es la existencia (todo belleza depende de la mirada, alega el Corán), sencillamente, vibra igual de potente en otras películas no tan lejanas como la también paseada por Cannes en su día ‘Synecdoque, New York’, que aunque la tuve que ver en dos partes, por lo extensa y densa, es otra genialidad ajena completamente a una pantalla de cine comercial. En ella el malogrado -paradógico final el suyo- Charlie Kaufman es un reputado autor de obras teatrales que comienza a confundir realidad y ficción cuando construye un megalómano escenario donde recrea su propia vida y entorno físico con el dinero que le ha reportado un gran premio, en una representación casi instantánea sin interrupción de lo que va pasando al otro lado del decorado.

La película de 2008, curiosamente estreno como director de Kaufman, merece figurar entre los filmes más mágicos de cuantos se han hecho pues en momentos determinados la confusión sobre qué es realidad y ficción llega a confundir al espectador que duda sobre qué es lo que es realmente recreado. Estos juegos pirandellianos también cobran mucho valor en ‘Birdman’ (Alejandro González Iñárritu, 2014) donde un actor en crisis existencial, Michael Keaton, que trata de alejarse del manoseado personaje que le ha hecho famoso (curiosamente a Keaton siempre se le recordará por Batman), reconvirtiéndose en director de teatro no acaba de conseguirlo tal y como pensaba, sino que acaba absorbido por el enorme potencial de su criatura, un superhéroe que vuela…

También está como ejemplo de estos problemas fatales de inspiración, de digestión de la gloria y las caídas posteriores en el más triste anonimato, ‘Youth’ donde el director Paolo Sorrentino coloca a dos glorias pasadas del cine y la música clásica en una mirada nostálgica de la juventud y por momentos en una indagación de los resortes que mueven la creación artística. Y otra vez sobre ciertas incapacidades de sorpresa para crear. Mucho más en la línea de ‘Sinecdoque’ está ‘Ocho y medio’ de Fellini donde Guido Anselmi (Marcelo Mastroianni) hace el papel de director de cine hastiado, sin ideas para un nuevo trabajo y bloqueado por la presión de seguir produciendo, hasta que los propios sueños y pesadillas de este momento estresante las reconvierte en una maravillosa realidad triunfante en celuloide.

 

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