Roberto Bolaño. Castillo del Inglés.

La crítica en ‘Los detectives salvajes’ de Roberto Bolaño

(English versión below)

No sé cómo he llegado hasta aquí. Yo no estoy buscando el Santo Grial, a Cesárea Tinajero. Trataba de hacer una crítica diferente al ya canonizado libro de Roberto Bolaño, ‘Los detectives salvajes’, y se me han cerrado todas las puertas posibles. No sé si lo he conseguido finalmente. Como el libro y el autor son ya de dominio público mundial me ha resultado vergonzoso escribir una ruta Bolaño por el DF con ayuda del Google Earth, como había pensado, porque ya existe, con pelos y señales. Usando todas las cientos de referencias a lugares concretos y reales de la metrópolis azteca.

Me pareció que una segunda opción para abordar este torrencial de literatura podía ser centrarme en uno de los autores españoles admirados por sus detectives; uno de los que más se invoca es Carlos Edmundo de Ory. Me pongo a mirar posibles referencias y encuentro que ya es un camino transitado. Incluso averigüo que hay una correspondencia prolífica entre Bolaño y De Ory (alrededor de 700 cartas) y resulta que cuando llamo a la Fundación, ubicada en Cádiz, por si están digitalizadas -no había recaído en lo de Cádiz- ya está allí el escritor que coordina un ciclo sobre el propio escritor chileno en La Térmica de Málaga, Vicente Luis Mora, rastreando esta huella. Increíble la onda bolañesca, mastico.

Me pongo a rastrear en internet la figura de Cesárea Tinajero, la poetisa que buscan por todo el  mundo los jóvenes protagonistas de la novela,  y encuentro hasta webs que han simulado una antología de poemas de la misma. Siendo un personaje irreal inspirado en la escritora mexicana Concha Urquizu de la que hay más información de la previsible en razón a una escritora con poca obra, pero famosa a la postre por la alusión del quizá mejor libro de Bolaño.

Dejo a un lado esta tercera opción y miro las posibles vinculaciones entre Bolaño y el flamenco. Una locura. Pero pienso que una vez creado el mito Bolaño habrán salido referencias de todo tipo y ésta se viene a mi terreno, el de mi afición a la música jonda ¿No vivió en Barcelona, lo mismo fue al Tablao El Cordobés? Pues bien, no sale nada al respecto de mucho interés pero sí observo incrédulo que hay una web que reproduce una set list de sus temas musicales referenciados en sus libros. Es inabarcable. Bolaño como Picasso viajó de la más estricta anonimia a la celebridad más desbordante.

Finalmente, recuerdo uno de los pasajes que más me han llamado la atención del libro. Uno en el que el ya escritor Arturo Belano, uno de los protagonistas principales, miembro fundacional del grupo real visceralista que busca a Tinajero, se ha retado en duelo a espada -estamos en los noventa en el libro- con un crítico español en Sant Pol de Mar, no muy lejos de Barcelona.

El crítico se llama Iñaki Echavarne pero averiguo que está inspirado en el crítico Ignacio Echevarría, que durante muchos años ha escrito en El País. Esta surrealista escena se producirá en una playa a plena luz del día y cerca del restaurante ‘Los calamares felices’ y Belano, injuriado por Echavarne, hará referencia a la enemistad por otras críticas feroces que este mismo periodista mantiene con Aurelio Baca, que según algunos es el escritor Antonio Muñoz Molina.

Siguiendo esta pista, y ya metido en la investigación cual real visceralista. Entiendo el juego al que los hados me conducen. Y es al homenaje a Bolaño en un cambio de ficciones. No es la metaliteratura de su libro, autores en ciernes que buscan a una autora de culto para ellos, marginal y desconocida para la mayoría pero me entrego a la metacrítica y sigo la pista de la posible enemistad entre Muñoz Molina y Echevarría que le pudiera haber llevado a Bolaño a enfrentarlos en su ficción. Y el episodio real existe.

Muñoz Molina el 9 de octubre de 1996 publica en El País una columna de opinión en la que deja con los pies colgando al mencionado. En este caso, éste sale al paso en defensa de Rafael Chirbes cuyo último libro ha destrozado sin al parecer conmiseración alguna Echevarría. El ubetense llega a decir que para ser crítico sólo hace falta rellenar folio y medio sin tener ni idea de literatura, entre otras lindezas.

No llegarán a las espadas ni al duelo a primera sangre como en Los detectives salvajes pero casi lo harían años más tarde el propio Muñoz Molina y Javier Marías, que en estos días de 2017 anda echando en falta, según contaba en una de sus últimas columnas para el mismo El País, una crítica fundamentada y valiente en los medios. No dulce y amable siempre.

En su día MM y JM, dos de nuestros más altos literatos nacionales, se enfrascaron en un cruce de recriminaciones a cuenta de una crítica de Muñoz a una película de Tarantino. Marías acabaría tachando al andaluz de elemental, conservador y moralista en una réplica en el mismo El País, mientras Muñoz Molina acabaría restregándole lo de viajado y cosmopolita, con sorna, por no restregarle lo de pijo, cuando recibió el Príncipe de Asturias en 1998 al nombrar a los de su generación.

La historia está regada de estos acontecimientos desagradables entre críticos y literatos como no ocurre en el duelo de Bolaño, donde la sangre no llega al río y más bien se escenifica un teatro grotesco. Ahí están los casos de Valle Inclán, Proust o Blasco Ibáñez. La historieta que el escritor chileno incluye en este libro recuerda la vieja enemistad de siglos entre críticos y autores. La cosa era tan habitual de solucionarse a duelo mortal que en las redacciones solía haber un par de pistolas o de sables por si se terciaba.

Al propio Bolaño le caería una de regalo cuando dejó de estar entre los vivos  (lo que resta toda la gracia a la que hubiera sido su respuesta. Siendo como era, muy libre de palabra y opinión). “A mi juicio, los poemas de Bolaño son infames; sus cuentos, mediocres; y sus novelas, un amontonamiento de sus cuentos menos mediocres”, “su lectura es facilona”, “a la gente le gusta Bolaño del mismo modo que le gusta Dan Brown, lo que pasa que pueden mirar por encima del hombro a todos aquellos a los que sólo les gusta Dan Brown”, le dedicó Alberto Olmos, escritor, crítico y columnista de El Confidencial. Curiosamente el escritor que perdió ante Bolaño el Premio Herralde que lo lanzó a la fama.

English version
Title;
The blood duels between writers and critics in ‘The Wild Detectives’ by Roberto Bolaño

I do not know how I got here. I am not looking for the Holy Grail, Cesarea Tinajero. I tried to make a different criticism of the already canonized book by Roberto Bolaño, ‘The Savage Detectives’, and I have closed all possible doors. I do not know if I’ve finally got it. As the book and the author are already in the world public domain, it has been embarrassing to write a Bolaño route through Mexico City with the help of Google Earth, as I thought, because it already exists, with hairs and signals. Using all the hundreds of references to concrete and real places of the Aztec metropolis.

It seemed to me that a second option to address this torrent of literature might be to focus on one of the Spanish authors admired by his detectives; One of the most invoked is Carlos Edmundo de Ory. I start to look at possible references and find that it is already a road. I even find that there is a prolific correspondence between Bolaño and De Ory (about 700 letters) and it turns out that when I call the Foundation, located in Cadiz, in case they are digitized – it had not fallen on Cadiz – there is already the writer who Coordinates a cycle on the own Chilean writer in the Thermal of Malaga, Vicente Luis Mora, tracing this footprint. Incredible wave ball, mastic.

I start to trace on the internet the figure of Cesárea Tinajero, the poet who is looking for all over the world the young protagonists of the novel, and I find even websites that have simulated an anthology of poems of the same. Being an unreal character inspired by the Mexican writer Concha Urquizu of which there is more information of the predictable one due to a writer with little work, but famous in the end by the allusion of perhaps best book of Bolaño.

I leave this third option aside and look at the possible links between Bolaño and flamenco. Crazy. But I think that once created the myth Bolaño will have left references of all kinds and this one comes to my terrain, the one of my fondness for music jonda Did not live in Barcelona, the same thing was to the Tablao El Cordobés? Well, nothing comes of interest, but I do not believe that there is a website that reproduces a set list of his musical themes referenced in his books. It is unreachable. Bolaño as Picasso traveled from the strictest anonymity to the most overflowing celebrity.

Finally, I remember one of the passages that have most caught my attention in the book. One in which the writer Arturo Belano, one of the main protagonists, a founding member of the visceralist real group that seeks Tinajero, has been challenged in a duel with the sword – we were in the nineties in the book – with a Spanish critic in Sant Pol Of Mar, not far from Barcelona.

The critic is called Iñaki Echavarne but I find that he is inspired by the critic Ignacio Echevarría, who for many years has written in El País. This surreal scene will be produced on a beach in broad daylight and near the restaurant ‘Los calamares felices’ and Belano, reviled by Echavarne, will refer to the enmity for other fierce criticisms that this same journalist maintains with Aurelio Baca, which according to some Is the writer Antonio Muñoz Molina.

Following this clue, and already engaged in research the real visceralist. I understand the game the fates are leading me. And it is to the homage to Bolaño in a change of fictions. It is not the metaliterature of her book, budding authors who are looking for a cult author, marginal and unknown to the majority but I surrender to the metacritic and I keep track of the possible enmity between Munoz Molina and Echevarria that could have Led Bolaño to confront them in his fiction. And the actual episode exists.

Muñoz Molina on October 9, 1996 publishes in El País a column of opinion in which leaves with the feet hanging to the mentioned. In this case, this one comes to the passage in defense of Rafael Chirbes whose last book has destroyed without apparently commiseration some Echevarría. The Ubetense goes to say that to be critical only needs to fill folio and half without having no idea of literature, among other niceties.

They will not reach the swords or the duel to the first blood as in the savage detectives but later years later the own Muñoz Molina and Javier Marías, who in these days of 2017 is missing, as it counted in one of its last columns For the Same country, grounded and courageous criticism in the media. Not sweet and always friendly.

In their day MM and JM, two of our highest national literary, they were involved in a cross of recriminations on account of a critic of Muñoz to a film of Tarantino. Marías would end up calling the Andalusian elemental, conservative and moralist in a replica in the same El País, while Munoz Molina would end up scrubbing him as a cosmopolitan and traveled, with a sneer, for not scolding him when he was posh, when he received the Prince of Asturias in 1998 at To name those of his generation.

History is flooded with these unpleasant events between critics and writers, as does not happen in Bolaño’s mourning, where blood does not reach the river and rather plays a grotesque theater. There are the cases of Valle Inclán, Proust or Blasco Ibáñez. The cartoon that the Chilean writer includes in this book recalls the old enmity of centuries between critics and authors. The thing was so habitual to solve to mortal duel that in the newsrooms used to have a pair of pistols or sabers in case it was posible.

Bolaño himself would get a gift when he stopped being among the living (what remains all the grace that would have been his answer, being as it was, very free of word and opinion). “In my opinion, Bolaño’s poems are infamous; Their stories, mediocre; And his novels, a piling up of his less mediocre stories “,” his reading is easy “,” people like Bolaño the way Dan Brown likes it, what happens is that they can look over their shoulder at all those who The ones who only like Dan Brown, “dedicated Alberto Olmos, writer, critic and columnist for El Confidencial. Interestingly the writer who lost to Bolaño the Herralde Prize that launched him to fame.

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