Chema Cobo. Castillo del Inglés

Chema Cobo: “Noto una falta de respeto general a los artistas, se confunde valor y precio”

Escondido cual narco mexicano entre los diseminados rurales que rodean la Málaga de los museos vive el pintor Chema Cobo (Tarifa, 1952), cuyas obras cuelgan en el MOMA de Nueva York o en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago, ciudades ambas en las que vivió y saboreó sus mejores años. Cobo es en su actitud de fino y cachondo filósofo de los pinceles un imprescindible del arte contemporáneo español, cuyo nombre está escrito en mayúsculas en la página dorada de la Nueva Figuración Madrileña. Es ahora en su madurez un resumen de experiencias vitales más que jugosas en este difícil y confuso mundillo. Un faro, un maestro. Premiado bien pero no tanto como su bolsillo quisiera y activo como siempre con una reciente exposición en Barcelona en la que ha vuelto a desatar encendidos elogios.

Esquizo de por vida, sigue teniendo el tono güason y gamberro que lo hizo célebre cuando el alcohol y el ácido alimentaba la creatividad de su generación en aquellos insurgentes ochenta. Aunque a veces puede pensarse que los aires de Tarifa son al fin y al cabo el producto de tamaña genialidad hecha artista y en la de otros de su cuadrilla como Guillermo Pérez Villalta.

Jugamos a ser gamberros por un rato con él. No es difícil. A tomar una entrevista realizada por Fran G. Matute a su paisano Pérez Villalta en la Jot Down (http://www.jotdown.es/2017/01/guillermo-perez-villalta-he-apestado-sigo-siendo-apestado-dentro-la-modernidad/) y endiñarle las mismas preguntas para saber qué de aquello sabe él, y qué siete diferencias encontramos con su compinche de aquella última gran generación de pintores españoles.

¿ Qué recuerdos tiene de su infancia en Tarifa?

Yo escribí en un libro de aforismos titulado ‘Amnesia’ uno que decía que ‘mirar para atrás me daba dolor de cuello’. Con eso te lo digo todo. Recuerdos tengo muchos pero sobre todos dos importantes; mirar por el cierro de la casa a todo lo que pasaba y dibujarlo, tenerlo todo controlado. Y otro, que suena como muy estrambótico pero que me dio pie a dar salida a mi pasión por la pintura, el culo de la Venus de Velázquez que mi padre tenía en su consultorio, que era ginecólogo. A mí me fascino ver mucho un desnudo de espaldas y sobre todo ver el reflejo de la cara, que me pareció muy interesante. Es algo que se repite en mi obra, una obsesión por los espejos y por mirar por donde nadie mira.

Después tengo recuerdos que me producen un cierto repelús. El viento constante incluso en verano y una luz muy blanca. Y la tristeza y cutrez que me parecía el cante jondo que escuchaba salir de un bar cercano a casa, que yo he asociado al Franquismo. Me acuerdo que en el bar ponía ‘Prohibido el cante’ y allí cantaba todo el mundo cuando se empapaban y no estaban faenando. Que era mucho tiempo. Eso y las coplas que se escuchaban antes del parte nacional. Las campanillas que sonaban previamente todavía me ponen nervioso. Mi rechazo a la Dictadura es esa grisalla, esa pátina casposa que después el pueblo no la tenía porque es un pueblo bastante bonito y muy abierto. Con una identidad muy dinámica y con ese mar que mirabas y te transmitía libertad.

¿ Cuándo empieza a interesarse por la pintura?

Me hubiera gustado no haberme interesado nunca (risa sarcástica). Creo que es una perversión infantil porque dibujaba ya de muy niño. Dibujaba con la mano izquierda y escribía con la misma mano. Me tuvieron que reeducar para que lo hiciera con la derecha. En aquella época la mano izquierda estaba muy mal vista. Encima yo escribía de derecha a izquierda. Al revés. Cuando fui a la escuela yo ya sabía hacerlo y entonces en el primer dictado lo hice al reverso y el profesor cogió un flipe terrible por el que me condenó a aprender con la derecha. Como era hábil aprendí pronto pero ya se me quedó la izquierda para dibujar. Soy ambidiestro ahora y hago demostraciones circenses (risas). Era la mano del diablo que me decían. Tenía una tata que me recriminaba por aquello y que me decía que iba a ir al infierno. Y yo cada vez más contento con la idea de ir, porque si ella iba al cielo pues yo no quería ir con ella.

Al ser zurdo y ser diferente pues estaba encantado. Me servía de moneda de cambio. Podía aprovecharme de ello.

¿ Qué estudios realiza al respecto?

Nunca hice nada al respecto. No tenía intención de ser pintor profesional de ir a una escuela y tal. Tenía rechazo. Pero a los diez años como mi padre veía que dibujaba sin parar me llevó a casa de un amigo suyo que pintaba. Mi padre sobre todo en verano me tenía entretenido con aquello, ocupado, porque yo tampoco era de salir, me encerraba en mi habitación y no iba a ningún sitio. Me dijo que tenía que ir a aquellas clases. Empecé a pintar con aquel hombre bodegones, pero él tenía 80 años y yo diez y era un suplicio para mí. Aprendí a hacerlo. Era relativamente fácil pero discutía mucho con aquel señor porque yo pintaba rápido y cuando veía a Manet pues a mí me gustaba más que lo realista que pintaba aquel hombre. Trataba de imitar lo más moderno. Ya lo dejé y pasando el Bachiller y estando en la Facultad de Filosofía y Letras, donde hacía caricaturas de la gente, pues en Madrid empecé a hacer cine. Yo ya conocía a Guillermo Pérez Villalta porque éramos amigos de Tarifa pero ya le veía. Salió en alguna de mis películas. Yo tenía por entonces mis apuntes llenos de dibujos, mi forma de estudiar era muy plástica, con árboles de colores, usaba ese sistema. Quedaban muy bonitos. Parecía un artista conceptual. Este tipo de artistas me influyeron además.

¿ Por qué no estudió Bellas Artes?

Me negué. No me gustaba nada la idea. Ya había tenido polémicas con los profesores de dibujo en parte por mi soberbia. Había cosas que la verdad era más fácil aprenderlas que oponerse. Pero yo no quería que me limitaran y entonces me negué. Lo hacía de manera plácida pero convertirlo en un trabajo no me seducía.

¿ Se considera precoz?

Precoz y procaz. Expuse muy pronto, tuve suerte y fue una casualidad. Estudiando Filosofía me invitaron a una exposición en la que se pasaban películas y participé en ella, en la galería Buades. Entonces Juan Manuel Bonet que era el consejero de la misma me dijo que por qué no hacía una de pintura. Me lo diría en mayo o junio y en enero de 1975 estaba exponiendo. En la galería Amadís estuve en un par de colectivas. Pasa que los personajes de la Figuración de Madrid eran cuatro o cinco años mayores que yo. Era el más pequeño. En aquella, que funcionaba muy bien, había expuesto Carlos Franco, Carlos Alcolea, Guillermo Pérez Villalta, Gordillo. Al final todos luego se fueron a Buades que era más profesional y era más rentable a fin de cuentas.

¿ Desde cuándo se siente adscrito a la Nueva Figuración?

En espíritu tengo mucho cariño y respeto a mis compañeros de ese momento. Pero yo ya dejé de tener esa ilusión en el año 80 o 81 porque me fui a Nueva York. Quería romper con una etapa. No soy muy constante. Soy fiel a las amistades y a los cariños de los demás pero tampoco estaba en un manifiesto concreto, era más bien una actitud. Y eso sí lo era, era algo que compartía. Estaba en eso que estaba pasando después de las vanguardias y la modernidad. Nos anticipamos aquí a lo que luego se llamó posmodernidad. Es decir, usar materiales que la gente no quería, el salirse de lo reglamentado. El coger la historia y darle la vuelta. ¿Por qué tenía que ser algo causa y efecto de lo anterior? En eso era muy heterodoxo. Y eso sí lo compartía y lo comparto.

Cuando llegué a Nueva York tuve la sensación de que el mundo era más grande de lo que estábamos haciendo aquí. Coincide que cuando llego a Nueva York se empieza a poner de moda la pintura, el expresionismo alemán, las vanguardias italianas etcétera. Los alemanes eran anteriores a nosotros pero los italianos no. La Transvanguardia fue posterior a lo nuestro de Madrid. En Nueva York te mantenías en permanente actividad más allá del hecho pictórico, generacional. Mientras que en Madrid era por competir con los de tu tiempo. Allí tenías que valerte por ti mismo, era algo más grande, no te importaba el otro. Pasé de ver la pintura que veíamos por reproducción, a vivirla, a conocer a los que fueron de inspiración para nosotros. Vivíamos de dos tradiciones; la nuestra y la que conocíamos de fuera. Los pops ingleses, David Hockney o Jaspers Johns. A la primera de cambio en Nueva York me encuentro por la calle a Hockney. Es de verdad, ves los cuadros, no son iguales que en la foto y estás viendo cosas de otros sitios. Los desmitificas. Te ves que puedes ser igual que ellos si el país te ayuda. Ser español en Nueva York era algo entonces pero ser alemán significaba más. Ayudaba mucho más. Era una armada y tenían una maquinaria galerística tremenda. Y eso que yo tenía una magnífica galería allí pero había mucha desventaja.

¿ Cómo era aquel Manifiesto de Lanjarón?

Lo he escuchado mencionado en una entrevista de Guillermo Pérez Villalta pero realmente salió en un catálogo mío por primera vez. En Boades para hacer una broma nos inventamos lo del manifiesto. Luego vimos que la gente lo citaba. Era divertido. Lo hicimos también con falsos personajes. Yo firmé con otros nombres cuadros que la gente citó en momentos determinados sin saber que era yo. Esos enmascaramientos me gustaban bastante. Eran gamberradas de la época.

¿ Por qué aquella Nueva Figuración fue calificada de madrileña si erais todos andaluces, vendía menos?

Pasó en Madrid. Madrid es como un territorio de nadie. Allí fuimos, allí nos mezclamos. Sólo había uno de allí creo, Carlos Franco. Fíjate y dos de Tarifa, sevillanos etcétera.

¿ Os apadrinó Luis Gordillo o lo apadrinasteis vosotros?

Cincuenta, cincuenta. Porque Gordillo no era tan importante entonces. Era una figura dentro del contexto. Le echamos cuentas como diríamos los andaluces porque los otros eran respetables pero no conectaban con nosotros. Gordillo tenía más color, se parecía a las cosas de fuera y aunque era casi veinte años mayor que yo, por ejemplo, pues nos gustaba el relacionarnos con él y es más él tenía una relación familiar con Carlos Alcolea. Luis Gordillo no tenía que apadrinarnos. Él tenía más experiencia que nosotros. Él tampoco creo que le gustara eso de ser padrino. Era un compañero de generación más maduro y del que yo he dicho que he usado elementos que necesitaba de su obra, sin ningún pudor.

¿ Las galerías Amadís, Vandrés, Buades conformaron vuestra generación, un grupo estilístico?

De una forma u otra sí. Buades yo creo que hizo una labor extraordinaria. Porque no solamente nos exponía a nosotros, también a los conceptuales de Barcelona, a cierto arte abstracto como José Manuel Broto, Gonzalo Tena o Xavier Grau. Luego ya Fernando Vijande era como la consagración, un salto. En Vandrés que era Vijande antes entró Gordillo, luego Guillermo y luego a los meses entré yo. Vijande fue el que me sugirió si me apetecía irme a Estados Unidos. Yo le dije que encantado, y literalmente que “estaba deseando irme de aquí”. Pedimos la Fulbright. Ya allí enganché Chicago y expuse por todos lados. Amigos galeristas tengo allí aunque recientemente la última galería que tenía cerró. Pero hasta ahora he estado trabajando con ellos y tengo que moverme para volver a allí.

¿ Tienen alguna oportunidad los jóvenes hoy día si no son impulsados por estas galerías?

A mi parecer se les está apoyando bastante. Creo que todo el mundo habla del paro juvenil pero nadie del paro de la gente de cincuenta años. Vamos a ser serios. Hay mucha gente joven, hay mucha como entonces, unos eran más afortunados y otros menos pero yo he visto que de diez quedaba uno y así he visto muchas selecciones conforme ha pasado el tiempo. Si hasta las facultades están haciendo exposiciones continuamente. Aquí ahora mismo vas a la galería Javier Marín de Málaga y expones con un chico que está estudiando. Y no pasa nada. Ahora hay mucha oferta y poca demanda. No hay un mercado sólido. Eso es lo que pasa. Apoyos tienen. ¿Que es más difícil vivir del arte? Pues sí, para ellos y para nosotros. Está claro.

Ha desaparecido el estado, las diputaciones, la Junta de Andalucía, los gobiernos regionales que son los que han mantenido una especie de globo que por un lado estaba bien pero por otro lado se ha desinflado con la crisis. Lo que empezó en los 70 como la colaboración privada en el arte, desapareció. No había crecido. No se ha creado un mercado real. Nuevos coleccionistas hay muy pocos.

Las empresas tampoco compran porque el estado gobierne quien gobierne se niega a hacer una Ley de Mecenazgo. He hablado con ministros y viniendo de donde viniesen se han negado siempre. Hacienda se niega. Y en los gobiernos manda Hacienda.

¿ A qué se debe que el mundo del arte contemporáneo esté tan desapegado de la gente?

Si soñamos con que el arte contemporáneo tiene que ser un fenómeno de masas nos cargamos el arte contemporáneo. En esta época de demagogia y populismo esto no va a sonar bien pero yo creo que siempre ha sido una especie de élite la que ha movido la rueda del arte. Y son esos pequeños grupos los que han estado fuera de la situación. Ahora mismo lo que se pretende es que todo el mundo participe en el arte. Lo que supone que descienda ese nivel del arte para que sea popular y el arte popular termina siendo conservador y reaccionario. En el subconsciente colectivo la gente no se pregunta por qué se mantiene la Semana Santa. A mí no me parece mal pero pertenece a lo popular como los verdiales o los toros pero no aspiremos a que todo el mundo se lea el Ulises de Joyce. Aspiremos por lo menos a que en la escuela lean algo y en el futuro en vez de haber una clase media formada profesionalmente pero analfabeta culturalmente pues que haya una clase media un poco más cultivada que participe más en el arte.

Ahora, si en el arte va a contar que los directores de museo se peleen porque vaya más gente o no a sus exposiciones pues mejor vamos al fútbol. No pretendas que gente que está harta de trabajar vaya a un museo a que un tipo le toque la flauta. Todo ese postureo. No cuestiono que se llene una exposición de Mark Rayden, me da igual, pero por ejemplo una de Marina Abramovic que en los sesenta era vanguardia pues ahora no entiendo que tenga más gente que la de otro artista convencional. ¿Qué mueve a esa gente? Consideremos que eso ya es arte popular pues igualmente vamos a tender al otro arte más selecto, más implicado con la tradición de la vanguardia y más incisivo. No tiene que ser político, que cuestione más cosas. Llegará a menos gente, seguro, porque es más difícil. Marina Abramovic ahora ha sustituido a la Virgen de Lourdes, el público va a ver su milagro, la gente se pone a llorar delante de ella. Para popular tiene más gracia Paquirrín.

Me explico. Lou Red tiene relativamente pocas entradas en YouTube comparado con Beyonce pero el arte no puede ir por ahí porque termina no siendo arte.

¿ Cree que eventos como ARCO tienen mucho que ver con la percepción que se tiene hoy del arte?

Tiene que ver con la distorsión del mercado español. Ha cambiado muchísimo. A ido a una especie de utopía que no cuaja. Ha estado treinta años teniendo unas ganancias que ni se sabe pero cada vez está peor. Ya no se sabe por qué va la gente. Yo he preguntado a galeristas y me dicen que cubren gastos y eso para ellos es un éxito. Su indefinición como feria española para sacar a colación lo que ocurría en la periferia y darle un empuje se ha acabado. Eso terminó cuando empezaron a quitar galerías que no cumplían. Sospecho que también hay unas directrices de lo que debe ser arte y lo que no, cuando ni en el Corte Inglés hay esa diferencia entre lujo y artículos populares. Debería ser para el que pueda pagarse una stand y ya está.

En ARCO he estado mucho y a veces casi en un récord de estar en seis o siete stands al mismo tiempo y nunca me ha hecho ilusión. No me hacen ilusión las ferias. Una galería es algo que sirve para mover obras, para intercambiarlas para permitirnos a los artistas vivir y los museos cumplen otra. Aunque cualquier día va a haber un museo de la infancia para exponer antes de que empieces la carrera.

Cuando piensas en que Picasso llega a los museos alrededor de los 60 años pues ves la diferencia con ahora, que si con treinta no estás, estás echando pestes. El concepto de museo también empieza a tambalearse. No se sabe si quiere sólo arte o que describa lo que está pasando. Volver a lo neutro sería lo ideal, que hubiera menos ideología detrás. El arte siempre tiende a ser ideológico pero debería ser más distante que no sea dirigido. Eso es malo, eso ocurría con las academias en el siglo XIX.

La novedad de las tecnologías ha hecho que la gente se fascine por la novedad pero no por las ideas nuevas. Si me dan una buena cámara no quiere decir que hago algo bueno. Psicosis es mejor que muchas películas de hoy que se ruedan con todos los medios. El medio no es el mensaje. El buen arte si es bueno se puede hacer con un papel y un lápiz.

¿ Qué tal se lleva con los galeristas, comisarios y críticos?

Intento llevarme bien (risas), por la cuenta que me trae. Todos listísimos y guapísimos. Qué sería de mí sin ellos (más risas). Hay de todo. Hay señores que escriben cosas que están muy bien y no quieren meterse en el mundo del arte. Hay señores que somos más mediocres y estamos metidos en este mundo y ocurre como en cualquier profesión. Sólo que se ha masificado. Tengo la sensación de que hay más tontos que antes o la gente está más descerebrada. O se lo hacen mejor que antes, el tonto. Leo unas tonterías mayúsculas y las colecciono. Las recorto. Y como ahora también los artistas tienen que escribir pues no paro… No quiero faltar a nadie pero hay una constante; que nadie sabe de lo que está hablando, no ha mirado bien. Es como hacer una crónica de sucesos sin haber visto el muerto, el lugar de los hechos..

¿Poco rigor?

Rigor mortis. Parálisis total (risas).

Ha defendido en sus cuadros la cultura popular, ¿siguen existiendo en el arte prejuicios al respecto?

No, creo que no. El prejuicio mayor que existe en el arte es pensar que cuando una persona tiene capacidad para explicar algo hace una obra muy difícil. Cuando la obra tiene muchos niveles de lectura. Puedes verla, gustarte o no gustarte y pasar a la siguiente. El artista no tiene que ser torpe, ni tonto, ni tartamudo para que su obra sea apreciable a muchos niveles.

Como quieren popularizar tanto el arte… Éste se está convirtiendo en algo subpop, sub popular. Al final podemos llegar a la conclusión de que Chiquito es el mejor performer que hay en este país. Y poeta no te digo, poeta de vanguardia porque hace cosas que no hacen los demás. Sería una mezcla perfecta de ingenio y arte popular. Ahora cuando la gente hace cosas que están por debajo de Chiquito y te la quieren vender como cosas trascendentes porque citan a Walter Benjamin o Carlos Marx pues demuestran que Chiquito tiene ingenio y tú lo que tienes es ganas de justificar tu falta de talento. Me da la impresión de que es lo que hay.

¿ Cómo está su relación con la Costa del Sol donde por otro lado vive desde hace mucho tiempo?

Cuando estaba en Estados Unidos lo que menos me gustaba era California y al final me vengo a España y a un sitio que se parece a California. Yo la recuerdo cuando siendo muy joven mis padres me traían a Torremolinos. Y Torremolinos no era nada, era un descampao. Yo recuerdo haber estado en Marbella con 16 o 17 años y Marbella se acababa en el Hotel Don Pepe, que eran las afueras. Ahora ha crecido mucho y pertenece a esta cultura contemporánea de las ciudades de aglomeración, indiferenciadas pero muy diferentes. Pero también he descubierto que en casos como el de Marbella, que es un lugar con un clima excepcional, hay dos marbellas. La que se ve y la que no. Hay un oasis interior en ella muy interesante. En verano es insoportable para los que no tenemos que vivir del turismo pero creo que el destrozo urbanístico ya está hecho. No se puede hacer más. Y luego uno termina acostumbrándose a todo. En Los Ángeles al tener un mercado más dinámico, de pronto lo que anteayer era ruina hoy es algo y cambia más. En cambio la Costa del Sol todavía no ha llegado a ser declarada estado de desastre. Luego a pesar de que haya mucho turismo, como le ocurre a Tarifa, siguen guardando esencias. Han cambiado pero también es ley de vida. Yo también tengo más arrugas que antes.

¿ Cómo fue su relación con La Movida?

Los que tuvieron más relación con aquellos fueron Herminio Molero y Guillermo Pérez Villalta. Fueron los más integrados. Ellos fueron a La Movida, no es que la La Movida fuera a ellos. Éramos algo más mayorcillos. Los chicos de La Movida tienen siete u ocho menos que yo. Era un intento de rejuvenecerse. Teníamos en común que aquella música que escuchaba aquella generación era la que habíamos escuchado nosotros. Que tuviéramos algo que ver como precedente en las ansias de liberarnos pues es posible. En las ganas de salirnos del tiesto, porque estábamos hartos de autoritarismo y reaccionábamos contra nuestros padre, pues sí.

Tenía una parte real y otra artificial y artificiosa. Hubo un cambio político que aprovecha toda esa situación y sobre todo un alcalde como Tierno Galván para cristalizar en Madrid ese cambio y fomentarlo. Toda esa mezcla de política y cultura pues a veces es muy peligrosa.

¿Tiene alguna obra icónico de aquella época del tipo ‘Personajes a la salida de un concierto de rock’?

No, yo estaba ya en Nueva York. Puesto a reflejar, reflejaba a los originales. Tuve amigos como Las Costus, Sigfrido Martín Begué que era muy amigo. Pero no me sentía identificado. Era más punky, el walking on the wild side me ha gustado más que el tono sofisticado de buena familia de aquellos de La Movida. En Nueva York era alta tensión. En el Soho había unas ratas gigantescas. Hice una visita al Bronx con un amigo mío y había calles que eran como Siria en estos momentos. Muy intenso todo. Tanto en Nueva York como en Chicago he encontrado ambientes culturales muy dinámicos. Quizá en Nueva York era más superficial y más disperso. En Chicago en cambio el núcleo cultural era más pequeño y tenía más acceso directo a conocer a gente. El hecho de que llos quisieran ser la segunda ciudad de Estados Unidos en lo cultural pues influía mucho. De hecho tenía una Universidad muy potente, que tiene más premios Nobel que ninguna y entonces todo eso creaba un caldo de cultivo muy interesante. Toda la gente se movía por una zona. Había mucha complicidad entre galeristas. Todas se inauguraban el viernes a la misma vez, aquello suponía que había un reguero de gente que iba de galería en galería. Tenían una competencia muy leal. Te recomendaban artistas de otras galerías. Aquí no ocurre eso. La finalidad era que el negocio prosperase.

¿Tuvo alguna relación con Almodóvar?

Lo conocí por Herminio y Blanca Sánchez. Cuando hice la colectiva con aquella película había un tipo por allí que se llamaba Almodóvar y también participaba. Las películas eran muy simples. Rollos de tres minutos con cosas muy locas. Tipo Almodóvar pero no tan bien realizadas como ahora, muy mal realizadas. La gracia que tenían es que él las contaba, contaba lo que no se veía. Porque estaban muy desenfocadas. Eran historias de travestís, muy warholianas, sin el aplomo de aquel claro. Hicimos más amistad, hablábamos de cine, teníamos amigos comunes. Un día me pidió que le ayudara a hacer una película larga en 8 milímetros. Era una versión de Las criadas de Genet que según amigos comunes, porque yo hace siglos que no lo veo, no las enseña. Pero yo la vi entera. Había hecho la primera parte en un piso al lado del Prado, con su hermano de actor y amigos comunes y eran todos travestones. Y me dijo ¿Por qué no te vienes tú que sabes? Imáginate cómo era Almodóvar que yo pasaba por técnico. Fui con mi cámara y planifiqué sólo los movimientos de cámara. Porque él asumía el papel del actor y los actores le imitaban. Era una forma muy peculiar de dirigir.

¿Os sentíais ‘contraculturales’ en aquel momento?

Supongo que sí. La cultura estaba ahí, lo que se suponía que era cultura. Gente como seria y nosotros éramos menos serios, más rebeldes, más gamberros.

¿ Influyó la droga en su obra?

Sería la que tomaban los demás, porque yo era malísimo tomando droga. La única a la que aficioné era el alcohol. Los otros sí se metían bastantes cosas. Influyó. Quico Rivas tenía una teoría que la iba a exponer, porque la exposición de Los esquizos la iba a comisariar él, pero se murió, del lado alucinado que tenía la pintura nuestra. Hay cierta pintura en la que uno llega a cierto trance, por automatismo. Con el pitorreo o con tus propias bromas dentro de lo que estabas haciendo pues terminabas delirando, fuera de lo que debías pintar. Eso se ve en mi caso o en el de Alcolea o en el de Carlos Franco, incluso en el de Gordillo. No era un efecto directo sino un ambiente. Era una intención de romper las barreras mentales.

En La Movida ya cayeron muchos por las drogas. El alcohol yo creo que fue el más duro enemigo. De hecho Rafa Pérez Mínguez perdió la cabeza, desapareció y murió internado. Alcolea tuvo un problema hepático por la bebida y también murió. Yo también los tuve pero dejé de beber a tiempo. Javier Utray también murió por lo mismo, problemas hepáticos. Que si la maría, que si los ácidos, porque era más esa época. La heroína fue posterior. Yo cuando escuchaba que Lou Red había tenido experiencias con la heroina me imaginaba que la había tenido con dos enfermeras y dos médicos. No era nada nuevo, estaba en el espíritu de los tiempos. Con quince años escuchábamos a Hendrix o Joplin. Era ese espíritu salvaje, al límite. Pertenecía a nuestra generación. Lo otro fue más juego de la representación. Tenía más que ver con Bowie y a mí eso también me ha influido mucho. Ese juego de máscaras. Pero la generación posterior es más sofisticada aunque se la jugó y murieron muchos.

¿ Echa de menos más premios en metálico?

Sí, los echo de menos en metálico (risas). El ego lo tengo pleno pero el bolsillo me gustaría llenarlo más.

¿ Doman al que los recibe?

Si dependes de ello sí. Los que yo tengo, los pocos que tengo, me los he encontrado. Cuando me han dicho que estaba entre los candidatos a un premio gordo, te confieso que me ha hecho ilusión por la remuneración aunque también te honra si el jurado es respetable. Hay otros jurados que es preferible que no te lo dieran.

¿ Tiene pensado donar alguna obra a algún museo, como ha hecho algún compañero de generación?

Yo voy a donar el hígado que es lo único que tengo mal (risas). ¿A mí me dona algo Hacienda? Yo si le dejo algo es a Warren Buffet que no es pobre. Cuando muera como Buñuel voy a hacer que se reúnan todos mis hijos y voy a dejar de heredero a un millonario. No voy a caer en la demagogia de dar algo al pueblo español. No me pagan las facturas.

¿ Cree que falta en su tierra que le reconozcan más su obra?

No creo que a mí solo. Creo que en general hay una falta de respeto a los artistas, sea del ámbito que sea. Se habla con mucha ligereza de escritores, actores o pintores. Dentro de la profesión noto la falta de respeto. Se está confundiendo mucho el precio de las cosas con el valor de las cosas. Eso es de una pobreza gravísima. El pueblo que no sabe bien valorar las cosas es un pueblo de horteras y aquí estamos a punto de ser coronados como los horteras number one.

Vive muy cerca de la Málaga de los museos, ¿qué le parece tanto museo?

El ruso me parece bien. Es interesante su programación. El CAC está bien, cubre un espacio que otros museos no cubren. Que se han dedicado al monotema, a ser aburridos y vender ideología. Y el CAC siendo discutible la programación pienso que cumple una función. Lo que se expone es lo que está pasando en el mundo. El Ruso está muy bien si sigue por su línea. El Pompidou no lo he visto pero no me seduce. Y el Museo de Bellas Artes antiguo que tampoco lo he visto pero que lo había visto antes. Bien está.

Hay una obra de Carlos Durán, de la misma generación, pero no suya que tantos años ha vivido aquí.

Debe ser tan local que exijan limpieza de sangre malagueña. El pedigrí (risas). Que no me la pidan, que me la compren. Yo no voy a llevarla porque uno tiende a donar lo que no quiere y eso hay que controlarlo.

En general los museos deberían querer abarcar menos e hilar más fino. El Museo Picasso es un buen museo en principio. Podía ser más activo para que fuera un centro de estudios picassianos, que no lo es. Tiene una biblioteca que no es. Y luego es un museo incómodo. Hay unos vigilantes allí que son la Casa de Bernarda de Alba, todos vestidos de negro y muy tensos. Yo una vez cuando una me dijo que no me acercara más le dije que aquel Picasso era falso (risas). No trascendió si no me hubieran echao. Fui a que me hicieran una entrevista allí una televisión alemana una vez y nos tuvimos que ir a la calle por los derechos de reproducción. Me parece eso una chorrada como la copa de un pino.

¿ Se siente raro dentro del arte español?

Yo creo que sí. Pero eso es bueno. Yo es que soy raro. Me sale. El snob es el que se pelea por estar en cualquier fiesta y el dandi es el que se pelea para que lo echen de la fiesta. Yo sería el dandi. Sentirme raro es parte del oficio. Y no puedo reprimirme. A veces me sale un humor que no se entiende para las cortas mentes pero mi humor siempre lo han entendido bien los americanos que tienen un buena correa y aquí parece un insulto que te rías de las cosas. Mejor que darse bofetadas.

¿ Su obra es su vida?

Si mi vida fuera un martirio sí. Sí, mi obra es mi vida, lo es, vivo por ello, de ello no lo sé, pero para ello sí. Pinto todos los días. El problema no es pintar, es la obsesión. Es como una neurosis permanente. Preguntarte qué hago si no hago esto. Y tengo que hacerlo. El estar maquinando todo el día para luego hacer un puñetero cuadro que después se lo pasa por la flauta el primero de turno. Luego tienes una exposición y ves a uno que pasa por delante del cuadro como si tal cosa. Y se te cae el alma a los pies, ¿para eso he perdido tanto tiempo?, te preguntas. Y luego piensas; pues precisamente para eso. Para que no se enteren, es la única solución (risas). Luego dicen que uno ofende al público. Hay compañeros muy honestos que se pegan unas palizas tremendas. Luego llegas y te tratan como el pito de un sereno, uno que si es muy caro, otro que si no sé cuanto, otro que si lo que más le preocupa es cambiarle el marco, el otro que es muy grande o que si es muy chico. Como ahora no hay galeristas pues te comes ese trago, que antes era cosa de ellos. Que si eres muy difícil, que si hazlo más chico. Te angustia. No me llames, me digo. Si me quieres a mí, yo lo hago así. Es como pedirle a Messi que juegue al ping-pong.

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