Andrés Lozano.

Ese Quijote del cante llamado Andrés Lozano

Pocas voces en el cante estremecen tanto como la del manilveño Andrés Lozano. Ahora éste junto a la guitarra de Antonio Soto y el flamencólogo Ramón Soler Díaz han confeccionado y grabado un disco que bien merece colarse en una antología de aciertos célebres de lo jondo. Otra cosa es que su repercusión venga lastrada por su propio mecenazgo, el de una institución pública como la UNIA que que se sepa no ha puesto a disposición del aficionado de a pie su posible compra.

Se trata de una extraordinaria selección de letras entresacadas de coplillas del Siglo de Oro -aquí ha trabajado de lo lindo Ramón Soler- y que han venido a dibujar, de paso y como se merece, la excelsa figura de un Quijote olvidado en Málaga como el mencionado Lozano. Cuya voz arenosa, cavernosa y llena de matices y queja dispara el interés del producto. La guitarra mayestática de Antonio Soto, la ingeniería técnica de Antonio Romero y las percusiones de Francisco ‘El Fósil’ han hecho el resto para que ‘Cantes del Siglo de Oro’ se convierta en una grabación digna de formar parte de coleccionistas de joyas curiosas de este arte.

Lozano demuestra en el repertorio preparado por Soler que sabe aportar personalidad y rajo a unas letras que no son nada fáciles de meter en flamencura. El castellano antiguo suena muy claro, acompasado y comprensible en una dicción clara y sentida del cantaor de Manilva que hace suyas desde romances a  coplillas incluidas en obras tan célebres como ‘El caballero de Olmedo’ de Lope de Vega, al que acuden en varias ocasiones, de fragmentos del propio Quijote de Cervantes o de reminiscencias calderonianas en otros casos. Téngase en cuenta este disco para profesores de Lengua y Literatura de Secundaria.

Se traza de esta manera un vínculo poco representado en la discografía general de los flamencos contemporáneos y que recuerda el enorme trasvase que hubo entre la poesía o el teatro culto del Siglo de Oro y el cancionero popular y viceversa, cuya consecuencia última es esto en concreto. Resulta maravilloso dar con unas bulerías en las que se canta; “Siguiendo voy a una estrella/ que desde lejos descubro, más bella y resplandeciente/ que cuantas vio Palinuro” y observar que la belleza no tiene fecha de caducidad, ni la ilusión, ni los sueños. En este caso en una buena recreación del romance ‘Marinero soy del amor’ que encontramos en el capítulo XLIII de Don Quijote de la Mancha y que recrean el tópico de la nave de amores, con alusión al mítico Palinuro, piloto de la nave de Eneas, como bien explica Soler en el libreto.

Es Lope de Vega quizá el mayor rescatador de estas coplillas que andaban de boca en boca de los españoles en su época y que ahora estos quijotianos flamencos de Málaga han sabido traernos del Fénix hasta nuestros oídos. Menuda empresa romántica en estos malos tiempos para la lírica. Al margen de ello, hay, cómo no, entronques esperados como los de Mairena o las formas del Nitri o la Trini en la malagueña. Canta en un abanico amplio Lozano y le da alas y musicalidad justa y vibrante Soto en tanguillos (‘Olivares de Osuna’), livianas y debla (‘La flor de Olmedo’), romance (‘Linda vizcaína’), colombianas (‘Fuente ovejuna’), mirabrás (‘Río de Sevilla’), malagueña (‘Cabellos como lirios’), bulerías (‘Marinero soy del amor’) o seguiriyas (‘Aires de mi tierra’).

Lo dicho no dejen de escucharlo si consiguen un ejemplar en la UNIA que a mi parecer debería haber impresionado ejemplares no sólo para estar además en tiendas de discos sino a disposición de curiosos en Itunes y otras plataformas digitales donde pueda ser de utilidad y gozo no sólo para amantes del flamenco sino también para amantes de las letras y profesionales de la enseñanza de la literatura.

Por cierto otra oportunidad de oro perdida para ver este disco hecho espectáculo en la Bienal de Arte Flamenco de Málaga de este año.

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