José Ovejero, escritor

— “Los premios domestican porque te acostumbras al éxito del premio, no al tuyo”

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Probablemente no exista nadie en la primera línea editorial de este país que se haya hecho con tan buenos premios literarios como ha conseguido el escritor madrileño José Ovejero en los últimos veinticinco años. Recientemente, por ejemplo, consiguió uno de los más suculentos, el Alfaguara, y tiene otros de muy diverso tipo y diferentes géneros que le han permitido vivir de lo que más le gusta.

Es un poco por ello que es un autor que conoce perfectamente las claves para conectar con el gran público e igualmente para ser un alma inquieta y probar y probar reinvenciones, caminos y recetas. No siempre exitosas como cuenta en esta entrevista. Triunfó para los libros tarde y antes fue intérprete para la Unión Europea en Bélgica y Alemania hasta que en 1993 cuando ya superaba la treintena le llegó la primera ocasión de publicar con el premio de Poesía Ciudad de Irún. Desde entonces no ha parado. Y lo hace de pie y con capucha…

Charlamos con él con ocasión del ciclo Málaga 451 en el que se presentó ante el público con su nueva novela ‘La seducción’ en la Casa del Libro de la capital costasoleña.

Su último libro se titula ‘La seducción’ y le he escuchado decir en alguna ocasión que todos los escritores sois una especie de seductores. ¿Con la edad se gana en seducción literaria o se pierde?

Yo creo que con la edad no se gana casi nada. Con la edad eres más seducible que es lo que le pasa a Ariel, al protagonista de mi novela. Lo es porque no es del todo feliz. Necesita recuperar algo, la energía que tenía. Porque tiene una imagen de sí mismo que nos ocurre a todos los que vamos cumpliendo años que cuando eres muy joven tu imagen es fiel a quien eres cuando vas siendo mayor tienes una imagen de ti mejor que la que muestra la realidad. Cuando ves una foto tuya te encuentras mayor pero es que es quien eres. Hay una mayor separación. Ariel desde luego nota esa separación. Ya no es quien era. Es alguien extrovertido, bastante arrogante, no es alguien simpático, aunque a mí a veces me hace gracia. Quiere tener el control y dominar.

Lo que pasa es que cuando hay alguien que te devuelve esa imagen falsa, que te agrada de ti mismo, la tentación de ceder y de hacer lo que el otro quiere es mayor.

¿Qué hay de usted en ese protagonista de ‘La seducción’, escritor exitoso pero arrogante y violento?

Es curioso porque me lo han preguntado antes. Tiene más o menos mi edad, es escritor pero hice en Córdoba un coloquio en el que un psiquiatra analizo los personajes y éste sospechó que más que en Ariel estaba en David. Estás escondido en ese otro que supuestamente no se parece. No me gusta Ariel, me hace gracia y he dicho en alguna entrevista que es una versión feroz de mí mismo. Yo no soy ese individuo arrogante, tengo mi vanidad como es lógico si no no sería escritor. Muchas de las cosas que dice no son opiniones mías, las pongo porque encajan en su manera de pensar. Estoy más bien entre los dos personajes. Tengo de ambos y lo uso para construir ambos personajes.

Precisamente lo que más me costó del libro es encontrar la voz de Ariel porque yo quería que ese escritor de cincuenta y tantos años fuese yo. Quería que fuese distinto. Es lo que más me costó.

Hay otro escritor en el libro. Con muchos miedos. Es un escritor fracasado. Es el amigo del protagonista. Padre de David. ¿Qué hay de usted en él, de esos miedos, los escritores vivís en cierta soledad sin tener demasiada conciencia de cómo han ido vuestros libros?

Más que miedo, yo he sentido la desesperación. Llevo escribiendo desde niño y no publiqué ni un renglón, ni un verso hasta los 35 años. Dejé de escribir porque a nadie le interesaba lo que hacía. Me pregunté que por qué estaba perdiendo el tiempo escribiendo. Si nadie me lee. Nadie quiere leerme. Me prohibí escribir. Hasta que un día publiqué. No ha sido el miedo al éxito, ha sido el miedo a que nadie jamás publique una obra mía.

Además fue una especie de coitus interruptus. Porque el primer libro publicado de poesía lo fue porque gané el premio Ciudad de Irún. Este galardón dependía de la Kutxa, de la Caja de Ahorros del País Vasco. No vi ese libro nunca en una librería. Luego publiqué una especie de ensayo para una editorial, un libro de cuentos y me pelee con la editorial, Destino. Antes del de cuentos. Soy una persona amable pero tengo mi punto de dignidad. Me pareció que me estaban tratando mal, se lo dije con carta abierta a medio mundo en la editorial con lo cual el libro de cuentos no lo publicaron.

Años después, cuando echaron a esa editora, llamé para ver qué había sido de este libro. Me dijeron que esperase y me pasaron con el nuevo director que era el lector que había recomendado mi obra. Mi camino ha sido más el del fracaso que el del éxito. Más que miedo hay perplejidad. Las cosas funcionan. Hago mi vida literaria, tengo mi pequeño espacio, de vez en cuando gano un premio…

Bueno han sido varios los reconocimientos e importantes (el Alfaguara 2013 de 200.000 euros). Sale casi a uno cada cinco años, ¿hay algunos ingredientes indispensables para ganar este tipo de galardones?

Nadie lo sabe. Cada jurado es distinto. Yo no podría decir voy a escribir una novela para ganar un premio. ¿Quién está en el jurado? El Alfaguara por ejemplo cambia cada año y es secreto. A quién voy a poder satisfacer. A qué tipo de gente. Hombre, yo creo que en general no ganan premios los libros que son muy exigentes. Necesitas que te apoye mucha gente y entonces es más fácil por ejemplo que te premien un libro como ‘La seducción’ que otro mío como el de ‘Los ángeles feroces’. Es más fácil que ganara ‘La invención del amor’ que ‘La comedia salvaje’ que son libros más extremos. Dedicados a un público más minoritario.

Sé que por ejemplo la ‘La comedia salvaje’ la presenté a un premio y a dos miembros del jurado les entusiasmó y a otros cinco pues no tanto. Cuanto más extremo sea el libro pues tiene más dificultades para gustar a una mayoría.

¿Pueden domesticar los premios?

Sí, claro. Pueden domesticar porque te acostumbran a un éxito que no es el tuyo es el del premio. Tú de pronto tienes 20.000 lectores más de los que tenías antes y de pronto te preguntas si tienes que escribir para ellos. ¿Cómo lo hago? Ya sé que no hay una fórmula pero sí tiene que ver con lo que estaba diciendo.

Cuando ganas un premio siempre hay una crisis. Ese miedo de decir joder y ahora qué. Ahora que me lee tanta gente qué. ¿Escribo un libro complejo? ¿Escribo un libro que sé que es para otro tipo de lectores? ¿O escribo lo mismo? Cuando gané el premio Alfaguara empecé una novela que era ésta (‘La seducción’) aunque de manera muy distinta. Lo que pasa es que me di cuenta de que no me interesaba nada. ‘La invención del amor’ es un libro intimista con una intriga interna, sin ser un thriller, como ésta. Hay pocos personajes pero es más reflexivo, fácil de seguir, creo yo. Aunque recientemente una periodista me dijo que era difícil, lo cual me dejó perplejo. Era el paso lógico tras ‘La invención del amor’ escribir ‘La seducción’. Lo que pasa es que no me apetecía. Había algo en mí que me dictaba que debía hacer ‘Los ángeles feroces’. Desde un punto de vista comercial es un desastre.

Lo correcto hubiera sido dejarse de idioteces y escribir lo que esperaban de mí en ese momento. A mí me encanta el éxito pero no escribo para el éxito. Me encanta hacerlo, escribir, me da muchas cosas y si llega el éxito bien pero no puedo ser rehén del mismo. Por eso la jodí. Pasó lo que nunca había pasado con el ganador de un Alfaguara, que me fui de la editorial. Y es porque mi editora no sabía lo que hacer con él, cómo venderlo. A mí me parece mejor que éste. Pero también pasa que los libros que yo creo que son los mejores no se venden tanto. O mis lectores se equivocan o me equivoco yo.

Perdona la digresión pero ¿cómo es eso de que escribe de pie y con capucha?

No es una broma. Pero ya no es del todo así. He hecho eso mucho tiempo hasta que me mudé a Madrid y entonces pues cambié el ritual. En Madrid hace calor y no el frío de Bruselas, donde pegaba escribir así. Es más agradable. Pero en Madrid es muy incómodo. Me compré una prenda sin mangas y con capucha. Porque me aisla. Nadie me saca fotos. Es como un rito. Si escribo artículos no lo hago pero si escribo sí. Es como rito, como ponerte una sotana.

Lo de escribir de pie me ayuda a liberar tensión. Sentado me sentía atado. Un día dije de hacerlo colocando el ordenador sobre unos libros. Y pasa que está muy bien. Te mueves, te balanceas. El problema es que en mi nueva casa en Madrid, tengo un sitio muy bonito para hacerlo, en una terraza en Tirso de Molina. Pero tengo el sol de frente. Es también incómodo. Pruebo a cerrar las cortinas, contra ellas.

La violencia y la venganza son motores de la trama en ‘La seducción’, ¿justifica el uso de la violencia en determinados casos?

Claro. Todos la justificamos. Lo que nos diferencia es en qué casos. En teoría todos estamos contra la violencia. Hasta Aznar decía que lo estaba. Pero luego dependiendo de qué casos la defiendes. Puedes defender la violencia que aplican las instituciones. Es decir condenas la violencia terrorista pero no la policial. Es decir, todos tenemos límites distintos. Manera distintas de comprender la violencia y de definirla. A mí me parece que un desahucio es violencia. Hay otros que lo consideran un derecho de los bancos.

Escribiste un ensayo titulado ‘La ética de la crueldad’ ¿se pone algún límite a la hora de reflejar esa violencia en sus libros?

Sí creo que es rentable. Pero depende. Yo creo que uno no debe plantearse límites a la hora de escribir. Pero sí lo hago a la hora de publicar. En mis libros hay violencia pero por ejemplo no hay violaciones porque pienso que en el fondo la mayoría de las cosas que he leído apelan a una especie de morbo que me resulta muy desagradable. Sin habérmelo propuesto es un terreno en el que no quieres entrar. No quieres entrar en ello convirtiéndolo en un espectáculo.

La idea central de ‘La ética de la crueldad’ es que hay un arte que es cruel y además distinguía que hay uno que es ético. Por ejemplo la crueldad hegemónica estaría en Los frescos del infierno. Ahí se usa para decirnos lo que nos ocurrirá si somos malos, es para imponer una idea dentro de la sociedad. Hay una crueldad espectacular que es la de Tarantino, que es la que nos produce un cosquilleo, nos divierte, produce morbo, un interés en gente cortándose la cabeza. Y luego hay una en la que yo creo que me encuadro y es la del artista que genera una forma de violencia que persigue un cambio en el lector. Que le sacuda, que mire cosas que a lo mejor no quiere ver. En ese campo sí entro. Pero prefiero no entrar en el uso de ella como espectáculo. En mis libros hay violencia pero no mucha violencia explícita. Es más la sensación de violencia contenida. Los míos son de parvulitos comparados con lo que puede verse zapeando por televisión.

Ha explorado campos literarios muy diversos como la poesía, el ensayo, la novela, el libro de viajes, ¿tiene pensado seguir en esta tarea de probar nuevos campos creativos?

Me quedan pocos. Lo próximo que haré será un libro de cuentos y lo siguiente probablemente uno de poemas. Que están hechos. Es muy interesante para mí cambiar de registro. Me ayuda a avanzar como escritor porque me brinda la ocasión de apresar la realidad de diferentes formas. Esos cambios me resultan casi naturales. Ahora estoy haciendo un documental, lo estoy rodando y el 9 de junio lo presento en Madrid a la prensa y estoy actuando en teatro con mis propios cuentos.

Me he subido a un escenario y he adaptado mis cuentos al teatro. Es muy duro. Nunca me había subido a un escenario para hacer algo parecido. Los ensayé en casa y estrené en Puerto Rico. Una hora y media ante el público. Frente a frente. Literalmente tiemblas. Hay un momento de pánico en el que puedes desmayarte. Pero lo superas. Es una manera distinta de narrar. En el teatro incluso puedes observar cómo reaccionan. Es muy complicado pese a eso. Y esto lo hago más fuera de España que en España donde sólo lo he hecho tres veces.

¿ A quién no tiene ganas de leer y a quién no deja de leer?

No tengo ganas de leer desde hace años el género de detectives. Hace tiempo que dejó de interesarme quién era el asesino, de seguir el suspense, de esos asesinos en serie que surgen a millones. Ahora estuve en Alemania, en Bonn, donde viví y hablando con mi librero le dije que no quería novela negra ni de detectives. Me recomendó ‘El club’. Era la historia de un tipo que iba a Cambridge a investigar unos delitos que se habían cometido en un campus. Pensé que la librera no me había entendido. La novela no estaba nada mal pero era en todo lo que no tenía que ver con el suspense. Es por un gusto personal.

Últimamente estoy volviendo a la ciencia ficción. Pero algo que no deje tampoco podría decirte. No hay un libro o un autor al que siempre regrese. Voy atravesando fases. Soy un lector infiel. Voy dejando en rincones a aquellos que alguna vez significaron algo para mí.

Por hacerle un guiño a la programación de La Noche de los Libros de este viernes 21 de abril en Málaga ¿qué libros salvaría de su casa si estuviera dentro de Fahrenheit?

Moriría en el incendio decidiéndome. Es una pregunta muy difícil. Probablemente como una obviedad te diría ‘El Quijote’, que es más voluminoso también y por aquello de que hay muchos libros dentro de él. Y tendría mucho que leer.

 

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