Libros

— La posibilidad del realismo mágico andaluz en Ortiz Nuevo

Foto vertical de (Deflamenco.com/ Ana Palma)

Existen en los libros del archidonés José Luis Ortiz Nuevo un olor a fantasía disparatada. Hablamos de esos libros en los que la vida florece y se pone mustia con colores muy alternos y fragrantes. A ratos asfixiante pero sin ahogar. Un desván de historias de carne molida que nunca nadie ha mirado con detenimiento por la cercanía. Ese pecado tan nuestro. Un buceo a pulmón en esas vidas del muro encalado de al lado con la literatura fresca que nace de los labios que no han sabido nunca medir las palabras.

Mantengo sobre mil teóricos versados en literatura hispana que el realismo mágico andaluz tiene un epígono, un druida llamado José Luis Ortiz Nuevo. En su extensa bibliografía de estudios y alegatos sobre el flamenco más libérrimo hay una música diferente, un terral de invierno, un bestiario equidistante de los de aquellos del Boom. Sostengo que en el análisis sólo superficial de sus obras biográficas hay un camino hacia la imaginación, al sur-realismo, pocas veces transitado por los autores andaluces (quizá Quiñones, quizá Bonald) por el que pudiéramos recuperar lo que fuimos.

Andaluces despertaos parece que nos gritan aquellos recuerdos de Pericón, de Enrique el Cojo, La Periñaca o Tío Borrico. Cuatro puntales del flamenco andaluz que trascienden su valor artístico-antropológico en sus páginas de confesiones para contarnos a qué sabe la tierra, el aire y el mar que va de Despeñaperros a Punta Paloma. En las pieles de cuatro supervivientes gloriosos. Ortiz Nuevo apunta en ellos un género, una autopista, una manera de narrar que se interna en un género híbrido de las memorias casi noveladas, con ese toque mágico, cuando Pericón por ejemplo cuenta que su “su chulo -el que lo cuidaba- era su perro Smoking” (que le mangaba monedas a los señoritos con los que alternaba su dueño y luego iba a comprarse unas tortas, el perro). Esa gracia inmortal.

Están escritos en andalu como acto de rebeldía y de justicia, de verdad, que no tiene por qué ser reprimida. El legado del vocabulario y la ‘gramática verbal’ autóctona que nos deja en esos mismos cuatro puntales es impresionante, no faltan ni una coma ni un punto porque lo que va de corazón a corazón no entiende de acotaciones, se recibe directamente por vía intravenosa.

Lo fantástico fluye como parte de la realidad o de lo surreal, lo creativo de algunos de sus personajes por lo general en situaciones de adversidad social resalta en medio de escenarios de grandes debacles personales que superan a base de imaginación y esperanza. Y son estas cosas las que elevan el relato a la altura de epopeyas vitales que merecerían ser más enarboladas como señas de identidad de la eterna crisis del sur de España.

En este mínimo apunte sobre una de las bibliografías más interesante que pueden leerse para comprender Andalucía en esencia y trascendencia en cuanto a cultura con mayúscula quiero recordaros que la editorial Athenaica ha reeditado en versión digital y a papel (por encargo) ‘De las danzas y andanzas de Enrique el Cojo’ y antes había hecho lo propio con ‘Pepe de la Matrona. Recuerdos de un cantaor sevillano’. Aquí os dejo un enlace por si os place leerlos (PINCHAR AQUÍ)

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