¿Puede abrir la boca? ¿Hay dientes y lengua?

— Litoral: La muñeca de Kokoschka

Existen pocas epopeyas personales que puedan equiparse a la desquiciante y a la vez libérrima vida de Alma Mahler. Muchas ante todo lo que vivió habrían sucumbido y ella en su caso sobrevivió a 85 años de continuos incendios personales. Y cuando decimos incendios queremos decir catástrofes nucleares en lo sentimental para cualquier ser humano. La revista Litoral en un nuevo y exquisito número dedicado a La Locura (OBTENER AQUÍ) aborda tangencialmente uno de los episodios más célebres de su biografía, el conocido por el título de ‘La muñeca de Kokoschka’.

La revista Litoral ofrece un fragmento de texto impagable, donde se relata parte del lunático encargo de su amante entonces el pintor austriaco Oscar Kokoschka a la fabricante de muñecas de Munich, Hermine Moos. Pedido que le detalla por carta. “Ayer envié un dibujo a tamaño real de mi amada (Alma Mahler) y le pido que lo copie con el máximo cuidado y lo transforme en realidad”. El célebre pintor expresionista ofrece en el mismo las exigencias técnicas para que lo haga con la mayor posibilidad de que parezca real y sustituya a la que lo ha abandonado. Kokoschka en su delirio de ausencia haría que ésta le acompañara al teatro y ocupara una butaca junto a él: “Si usted es capaz de hacerla tal cual la deseé, y engañarme con su magia de tal manera que cuando la toque me dé la sensación de que tengo a la mujer de mis sueños enfrente mío, entonces, querida señorita Moos, yo le estaré eternamente en deuda por sus habilidades y creatividad y por su sensibilidad femenina, que puedo deducir rápidamente por las discusiones que hemos tenido.

¿Puede abrir la boca? ¿Hay dientes y lengua? ¡Espero que sí! (Fragmentos de cartas a Hermine Moos, 1918)“.

Pues bien, esto que regala de manera impactante la Revista Litoral como paradigma inigualable de la mayor locura de amor que pueda cometerse no es más que eso, un fragmento memorable de la vida de una mujer poderosísima en su atracción que se entregó a los brazos de algunos de los más interesantes personajes del siglo XX.

La misma que dejó a Kokoschka con graves problemas psicológicos a la hora de encajar su marcha y que ya antes de este episodio, de joven, había inspirado al pintor Gustav Klimt, el célebre cuadro del beso. La misma que con su primer marido; el músico Gustav Mahler sufrió la pérdida de una hija con cinco años que achacó supersticiosamente a la composición de su marido de ‘canciones a la muerte de los niños’.

Alma ingresaría tras aquel primer gran episodio dramático personal en el Balneario de Tobeldad con una crisis depresiva que no le impidió comenzar un romance con Walter Gropius a la postre fundador de la Bauhaus. Mahler le pedirá que se olvide de ese amor pasajero y que vuelva a sus brazos tras lo cual empezará a valorarla como música y compositora, algo que había despreciado de ella durante su matrimonio por puro machismo y egolatría. A Mahler antes de volver con ella también lo empujaría a sentarse en el diván de un tal Sigmund Freud, desquiciado por su ausencia. Volvería con él y moriría cerca suyo en 1910 cuando estaba terminando la sinfonía 10.

Viuda de este primer matrimonio buscaría el amor de nuevo en el biólogo y músico vienés Paul Kammerer que llegó a pedirle que no lo dejará descerrajándose un tiro frente a la tumba del propio Gustav Mahler. En otro acceso de locura que precedió a la tormentosa relación con Kokoschka antes mencionada. Éste pintaría aquel querer imposible en ‘La novia del viento’.

Volvería entonces a los abrazos de Walter Gropius con el que se casa en 1915 y tiene una hija que moriría con 18 años. Se divorciaría de él en 1920. Conocerá luego al novelista Franz Werfel con el que tiene otro hijo que muere también a los diez meses aunque se casa con él en 1929. Casada mantendría una relación de infidelidad con el sacerdote Johannes Hall que causa gran escándalo en Viena ya que éste iba para arzobispo.

Volverá con Franz y con la irrupción del nazismo en Austria escapará junto a él, judío, a Francia, luego a España y Portugal y de ahí a Estados Unidos donde éste escribirá ‘La canción de Bernadette’ inspirada en la vida de su mujer, que luego sería llevada al cine. Werfel moriría en 1945 y ella todavía tendrá casi 19 años más de vida para convertirse en una referencia en la vida cultural y social de Nueva York donde escribe sus memorias ‘Y el puente es el amor’ y recopila las cartas de Mahler. Siendo también en esta época una mujer envuelta en polémica que a esas alturas de todo lo vivido ya le debían importar bien poco.

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