Vicente Amigo. Paco Lobato. Castillo del Inglés

Ha muerto el Rey, viva el Rey: Vicente Amigo

Foto: Paco Lobato

Vive en su mano izquierda toda la ciencia de siglos de la orfebrería cordobesa. La precisión de un cirujano y la poesía de un anacoreta a la vez en armonía. Recoge esquirlas de melodías que se convierten en cuadros de Romero de Torres, con su sincretismo mas allá de Paco. Sus gubias reproducen teoremas de Averroes volcados sobre sus seis cuerdas que lamen la espina dorsal del neófito. Tiene el rostro de un Ángel caído de una peli de Abel Ferrara, la pose melancólica de un Séneca gitano que pudiera haber sido Califa de la arena torera de Medina Azahara y responde al nombre de Vicente Amigo. Alabado seas por mucho que no quieras subir a los altares.

Su música no necesita presentaciones porque viaja como un chute de verdad directo al corazón y ayer lanzó la misma inyección de música al público que casi abarrotaba con ansia y con ganas de su dosis el Teatro Cervantes de Málaga. Ha muerto el Rey, viva el Rey parecía que mascullaba la platea cuando el cordobés salido de una pintura del Greco agarró algo nervioso el primero de sus alegatos: soleá con un poco de todo para el único toque sin red.

José Tomás en el albero de Málaga y en su recuerdo inspiraron esos ‘Tangos del Arco’ ya con toda su first division. Había llegado el compás para no marcharse en lo que fue un disparate de falsetas y más falsetas que llovían como en un aguacero de invierno gallego. Llegó luego quizá el estribillo más poético de la corta pero maravillosa aportación de Rafael de Utrera, ese Roberto Carlos del quejío oportuno, de la garganta bendecida de camarones. ‘Autorretrato’, ¿cuánto Diazepán rezuma esa letra tristísima, al fondo de la calamidad depresiva?

Las alegrías. Quizá lo mejor de la noche. Y luego una pincelada del baile del Choro de Huelva que estuvo justo y acrobático rozando lo emocionante. Si uno cerraba los ojos podía escuchar el agua fresca correr por los patios cordobeses en una tarde de verano, cal y piedra, rellano y almenara, naranjo y palmera. Hubo un poco de sexteo en esa medular del concierto. Siguieron los sones de la soleá por bulerías, la bulería por soleá. Ese universo Amigo (Amoralí, Sevilla y Guadamecí).

Para la recta final Vicente Amigo, que ya había caldeado la platea y se había ganado los piropos, regaló tientos y esa Estación Primavera que es otra encrucijada de caminos, de voluminosos alumbramientos, de fastuosos palacios de flores. Regresó el Choro a sus menesteres y a apretar un poco para ganarse el jornal el cantaor utrerano. Aflojaron parte del escenario y se torcieron las manos de algunos angelotes pintados en el techo por Bernardo Ferrándiz. Azules.

Para terminar de pronunciar su discurso de investidura Amigo se acordó de Roma que quiere decir AMOR en un bis que tenía mucho de previsto. Faltó algo de levante, un guiño malagueño, un paseo por Ronda. El emperador sonreía desde su tribuna celestial, “ahí tenéis al príncipe, no le pidáis la luna”. Ha muerto el Rey, viva el Rey.

Ciclo Terral. 29.6.2017. Teatro Cervantes de Málaga. 20.30 horas. 800 espectadores.

Memoria de los sentidos
Vicente Amigo guitarra principal
Añil Fernández segunda guitarra
Paquito González cajón
Ewen Vernal bajo
Rafael de Utrera cante
El Choro baile

Calificación: ♠♠♠♠ (sobre cinco).

2 Comentarios
  • Sebastian cuby
    Publicado en 13:47h, 30 junio Responder

    Tu artículo …….gusto y sensualidad

    • Francis Mármol
      Publicado en 16:05h, 30 junio Responder

      Gracias bético

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