Terry Gilliam en el rodaje de 'El Hombre que mató a Don Quijote'.

Terry Gilliam se convierte en otro idealista fracasado en el Quijote

Loable e interesante intento de Terry Gilliam por acercarse a la obra mítica de Cervantes en ‘El hombre que mató a Don Quijote’. Uno de los artefactos más extraños y celebrados de la historia de la literatura y que parece tocado por una especie de maldición para el cine que ya probó Orson Welles: cuanto más te acercas al centro de ese agujero negro, de su significado, más perdido estás.

Así le ha ocurrido al ex Monty Python que con una intención muy acertada de hacer una lectura sobre la búsqueda de los sueños y de la asunción de los fracasos del best seller de Cervantes, se pierde en demasiados giros de argumento en una cinta larga que termina cansando, sin emocionar claramente y sin sorprender en exceso. El genio de películas como ‘Las aventuras del barón Munchausen‘ o de ‘Miedo y asco en Las Vegas’ consigue eso sí crear un primer ritmo frenético en las aventuras de un director de cine que regresa al lugar donde grabó una juvenil ópera prima sobre el obsoleto caballero andante.

Allí comprobará que su película le cambió bastante la vida a sus actores y que incluso La Mancha y Andalucía, que él vio inalteradas entonces, no tienen ya a la Santa Inquisición por sus caminos, pero tiene a la Guardia Civil, la aparente religiosidad se ha mantenido intacta, los moros en diáspora de hoy pudieran ser islamistas y los galeotes son gitanillos de venta ambulante perseguidos precisamente por la Benemérita. Todo ha cambiado pero todo permanece igual en el fondo.

Con algunos tópicos muy typical estirados en ese punto grotesco de los Python y mezclando como sí es muy lógico realidad y ficción, fantasía y realidad, ese metalenguaje que inventó el de Alcalá de Henares para la novela moderna, Gilliam salva por momentos la historia pero naufraga, quizá y sin quererlo, en la mejor manera de homenajear al hombre de los mil fracasos -Cervantes- en encontrar un final idóneo y con la carga emocional y metafísica de la hallada/buscada por el Manco de Lepanto.

Al margen de la intrahistoria del rodaje, de las dificultades que al parecer Gilliam sorteó para levantar esta cinta, como Welles, merece la pena verla y observar cómo la epopeya del sencillo hombre enloquecido por leer libros de caballerías sigue fascinando a genios creadores de todo el mundo y sigue sin dejarles asomarse a la misma altura que su creador a un precipicio delirante, al que quizá Don Miguel de Cervantes y Saavedra se acercó demasiadas veces y vio su paisaje, y distinguió todos los detalles y midió la altura, y sonrió porque sólo a él que probó la cárcel dos veces, que vino como héroe cautivo y obviado de guerra, lisiado, y que se pasó la vida intentándolo, se lo inspiró su propia vida de fracasado, además de en parte ese Dios cristiano en el que tanto creía y al que sólo se puede mirar desde la desgracia de morir como un soñador.

Título Original: The man who killed Don Quixote
Director: Terry Gilliam
Año: 2018
Nacionalidad: Reino Unido
Idioma: Inglés
Duración: 133 min.
Género: Aventuras

Intérpretes
Jonathan Pryce, Adam Driver, Olga Kurylenko

Calificación: ♠♠♠ (sobre cinco).

Puedes verla en CINES ALBÉNIZ en Málaga. COMPRA AQUÍ SUS ENTRADAS

 

No hay comentarios

Publicar un comentario