Warhol y Mao.

Warhol; del Vote McGovern, al cuadro prohibido de Mao, la esperanza Obama o el Putin gay

En estos días puede visitarse en Málaga una completa exposición sobre Andy Warhol (1928, Pittsburgh-1987, New York) en el Museo Picasso. Entre las numerosas obras expuestas pueden verse parte de las serigrafías que hizo sobre el dictador Mao Zedong. Siendo una obra más en su prolífica producción es sin duda una de las grandes atracciones por muchas razones. La primera de ella es que se trata de un cuadro que recientemente fue prohibido para exhibirse en China debido al veto del Ministerio de Cultura del gigante asiático, al verlo provocador e indecente en alguna de sus versiones.

Mao sale en uno concretamente con los labios pintados en rojo, como una mujer, y en general el artista habría deslizado la idea de convertirlo en mercancía, en un producto más de publicidad. Algo imperdonable en el país donde la figura del Gran Timonel está sacralizada aún hoy, abiertos al máximo como están al capitalismo, y en un tiempo ya lejano a su muerte donde algunos estudios recientes ya acreditan unos 70 millones de muertes a su cargo, gran parte por las hambrunas de 1958-1959 en el Gran Salto Adelante.

Como dato contextualizador que une retranca a esta serie del dictador comunista se encuentra el hecho de que a Warhol se le adjudica este cuadro como símbolo del avance en el intento de retorno de las negociaciones comerciales entre China y EEUU tras el famoso viaje de Nixon al país de Mao en 1972. La lectura de este extremo podría ser interpretada también como una provocación añadida a esas negociaciones del autor de Pittsburgh pues como hemos explicado y puede verse en Málaga, Warhol no busca su idealización como líder sino mostrar su reducción a mera imagen, con un halo de iluminado e incluso dedicarle unos ojos inyectados en sangre.

Pero es que la relación con Nixon no era precisamente de cariño por parte de Warhol, que aunque quiso siempre subrayar su neutralidad política, cuando el Partido Demócrata americano le pidió hacer un cartel para apoyar a McGovern precisamente en la lucha por la presidencia contra Nixon, unos años antes, Warhol no dudó y pintó al famoso responsable de las escuchas posteriores del Watergate con colores de monstruo sobre la leyenda: Vote McGovern. Fue una de sus pocas inclinaciones públicas de favoritismo político.

Regresa, curiosamente, aquella historia de Nixon y Mao en estos días en que en un país como Rusia, que igual que China abandona el comunismo de manual pero no las políticas represivas de antaño, se ha prohibido que se haga exhibición del dibujo con estética Warhol de una fotografía de Valdimir Putin, primer ministro ruso, donde aparece maquillado y tras la bandera multicolor. De hecho en los estadios de fútbol donde se celebra el Mundial se ha tenido especial cuidado de mostrar banderas de apoyo a la libertad sexual, por el Día del Orgullo Gay. Algo que parece importarle poco a la FIFA, que sigue a lo suyo, hacer pasta.

Pero volviendo al cuadro de Mao parece que Warhol es el primero, en darse cuenta de la repercusión de su obra alrededor de la fama y glamour que une a políticos y estrellas de cine. Ambos interpretan, justificaría (llegaría Reagan desde Hollywood). Y ambos amaban esa egolatría. Por debajo de todo estaría esa máxima que elevó a la categoría de nueva filosofía del arte contemporáneo: “hacer buenos negocios es el tipo de arte más fascinante” y clonar a estos políticos era triunfo asegurado, pese a que también consiguió que se dijera de él que con sus cuadros en serie quería criticar la sociedad de consumo.

Esta idea del negocio por encima de todo, que ha sido retuiteada hasta por Donald Trump lo vuelve a poner de actualidad cuando la artista estadounidense, Deborah Kass dibujó hace no tanto a un Trump con la estética de aquel ‘Vote McGovern’ de Warhol. Lo hizo precisamente para poner bajo esa ‘copia’ bien traída la leyenda ‘Vote Hillary‘. En ambos casos no les trajo buena suerte. Y eso que a Warhol seguro que no le hubiera gustado ver a Trump al mando de los EEUU tras los varios encontronazos que tuvo con el magnate rubio cuando todavía no era más que un efervescente hombre de negocios que deshechó unos cuadros suyos para su torre en Manhattan. Algo que nunca le perdonó nuestro protagonista en el Museo Picasso de Málaga.

Sin embargo la estética Warhol fue muy bien rentabilizada por Shepard Fairey, conocido por Obey, que en la precampaña de Obama previa a las votaciones de 2009, unió arte, precedentes, y política para relanzar al que sería el primer presidente afroamericano bajo el título de ‘HOPE’, esperanza.

 

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