Muerte de un trovero

En 1996, el rapero Tupac Shakur murió por unos disparos en Las Vegas, víctima de la rivalidad entre los emsís de la Costa Este y la Oeste de Estados Unidos. Ese asesinato mitológico, que todos los de mi edad idealizamos vía MTV tiene episodios miméticos en nuestra prehistoria del rap nacional (entiéndase la licencia literaria); en manifestaciones musicales como el trovo. Hoy olvidado. Este agrorap, emparentado indefectiblemente con el repentismo cubano, entre otros, o con el freestyle hiphopero de ahora, tiene o tenía en la vecina Villanueva de Tapia gloriosos improvisadores como Gerardo Páez ‘El Carpintero’, al cual tuve la suerte de entrevistar un día y que me contó aquella muerte de un trovero. Una historia que me dejó helado y es digna de un reportaje minucioso a lo Truman Capote. Sucedió por unas letras cruzadas, con la sangre caliente de la Guerra Civil por medio. Una noche de fiesta un trovero improvisó sobre los piojos que asomaban a su oponente por el cuello de la camisa. El otro le respondió: “Yo sé que tú tienes fama y te quieres reír de mí. Pero todavía me queda otra trama, de la noche que dormí, con tu mujer en tu cama”. Sólo dos días después, el ‘dolido’ trovero esperó a su rival en el campo y le descerrajó dos tiros de escopeta.
Quiero decir con esto, que hay historias por ahí que nuestra MTV de San Juan de Aznalfarache no recupera y que gracias a trabajos como este de Memoria de Málaga, nos dan una idea de cuán salvajes hemos sido nosotros también.
Minuto 45. Repito escuchad a Gerardo en el minuto 45. Somos nosotros; Shakespeare no inventó nada. Calderón lo sabía.

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