Happy end.

Haneke nos habla desde Calais igual que desde Tarifa

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Michael Haneke tiene línea con las musas. Dispara a la tapadera de los sesos y no yerra el tiro. El cineasta de lo turbulento, lo inquietante y lo perverso vuelve a bucear en las aguas de la peor condición humana en ‘Happy end’. Un final feliz irónico de una civilización que se va al garete, indolente a todo pero muy pendiente de sus vicios ocultos de burguesía 2.0. No sin la retranca sombría marca de la casa, el hombre que realizó la obra maestra AMOR, hunde la profundidad de su nuevo filme en Calais, ese paso a la prosperidad de la inmigración y desde el que traza una alegoría magistral: el naufragio deseado de la vieja Europa a manos de una joven generación cínica que grabará con móvil la angustia del tercer mundo llamando a nuestras puertas. Tarifa como Calais. 

El director austríaco compone una cinta coral, que sustentada en buenas interpretaciones como la de Isabelle Huppert y Jean-Louis Trintignant se engrandece como una antología de su anterior cine. De alguna manera la ‘buena muerte’ (eutanasia) de Amor vuelve a estar presente pero de una forma más cínica, más aterradora, como única salida, por lo tanto ‘Unhappy end’.

Haneke en la lectura estratosférica de esta nueva entrega advierte del surgimiento de una nueva generación enferma de sadismo en pro de los likes o la popularidad en las redes sociales como triunfo definitivo. En este sentido se acerca a la premonición de la Segunda Guerra Mundial de ‘La cinta blanca’. La protagonista ha envenedado a su madre con antidepresivos y lo ha grabado. Ese macabro comienzo da luz ver de a ‘Happy end’, la única salida posible a este cataclismo social que se avecina.

¿Y por qué Calais como lugar de los hechos? Porque en la macroestructura de esta narración, del corrosivo mal que descompone a una familia de la alta burguesía francesa, se esconde una de las grandes claves. Ellos viven desahogadamente en Calais no de forma fortuita. Haneke señala que nos hemos beneficiado de aquellos pobres del sur. Es el loco, el fool de Shakespeare, la oveja negra de la familia, el tomado por descerebrado, al que le gusta la música y el teatro, el único que está llamando la atención de los grandes problemas que nos aquejan como humanos. Él va a ser desheredado por ello. Lleva a un grupo de inmigrantes africanos a comer como invitados sorpresa a una encopetada fiesta familiar. Firma su sentencia de muerte social por ello.

Otro mensaje en esta línea es la microhistoria ensartada en la trama general del perro de la familia que muerde a la hija de los árabes que realizan el servicio en el pequeño ‘castillo’ familiar protagonista de la historia. La más retorcida de las mentes burguesas, encarnada de nuevo magistralmente en Isabelle Huppert (ver Elle) ve como solución al grave hecho, regalarle una caja de bombones a la niña(de nuevo un guantazo de Haneke a nuestra supuesta superioridad moral de primer mundo).

Es por todo ello ‘Happy end’ un regalo más del cine de autor que le queda a este viejo continente, tan relevante hace unas décadas como silenciado en su muermo de solarium con ruinas arqueológicas de hoy.

Título Original: Happy end
Director: Michael Haneke
Año: 2017
Nacionalidad: Francia
Idioma: Francés
Duración: 107 min.
Género: Drama

Intérpretes
Isabelle Huppert, Jean-Louis Trintignant, Mathieu Kassovitz, Fantine Harduin, Toby Jones, Franz Rogowski, Laura Verlinden, Aurélia Petit, Hille Perl, Hassam Ghancy, Nabiha Akkari, Joud Geistlich, Philippe du Janerand.

Calificación: ♠♠♠ (sobre cinco).

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