El Pele.

Sigue la monarquía; El Pele manda en el cante

Foto: Cristóbal Moya.

No hay opciones de derrocar al Rey, el otro O’Rey (sin tilde) está fuerte y sin enemigos claros a la vista. Manuel Moreno Maya o el Felipe VI del cante flamenco sigue enhiesto en su poltrona. Nadie puede osar derrocarle porque no hay nadie capacitado para pellizcar por decreto como él hace. Manda a golpe de decreto por soleá y es Córdoba el último paraíso califal monárquico que nos queda; su voz resuena en la campiña igual que a nivel del mar. Hay que construirle una nueva Medina Azahara porque sus palabras cuando canta son columnas tan robustas y bellas como las de la Mezquita- Catedral.

Anoche en Vélez Málaga, en el Festival dedicado al centenario de Juan Breva (media entrada), sonó de nuevo regio, sobrado de facultades. El flamenco camina hacia una república, está claro, pero el Rey del cante se niega a abandonar sus aposentos mientras el metal de su espada que guarda en la garganta siga cortando malinas intenciones. ¡Qué manera de cantar, amigos! Hasta por malagueñas de diferentes estilos dio clases magistrales, alegrías henchidas de poesía, su legendaria soleá y hasta un poquito por sevillanas “para las señoras”, que queriendo sonar condescendiente con las “damas” fue implícitamente machista.

Lo dicho, el Pele resaltó de manera sobresaliente en un cartel muy muy bien cerrado, no largo, sino como debe ser para los tiempos que corren de likes y envivos, y que equilibraba localismos, nuevas realidades y una figura, ¿para qué más? Es Vélez Málaga en estos momentos cabeza de lanza de un movimiento flamenco en Málaga que no lo tiene ninguna localidad, ni mucho menos la capital de la Costa del Sol. Es cosa de un ayuntamiento diligente y un grupo de jóvenes peñistas y artistas locales que se han determinado a poner el flamenco en el lugar de elemento cultural de primer orden que le pertenece. Vaya la felicitación por ello.

Antes del Pele actúo Rocío López La Boterita, cantaora veleña, acompañada de un maravilloso Fran Vinuesa a la guitarra y dos palmeros de excepción de lujo (son bailaores); Cristóbal García y Fernando Santiago. La Boterita dijo el cante como ella sabe y gusta, con un timbre propio, con unos melismas dulzones que alegran el oído y especialmente cómoda cuando se liberó del compromiso de la malagueña. Hay en Vélez, en su garganta, las mimbres de un gran cantaora, que ya lo es, pero que tiene muchas cosas que decir porque destila afición, en el mimo con el que elige sus letras y en la manera de decir sus sentimientos, sin un grito pero doliendo de profundidad en la caricia.

Punto y aparte fue la actuación de Moisés y Fátima Navarro, dos hechos sobrenaturales del baile malagueño. Dos islas de salvajismo adorable. No se entiende la poca proyección que desde su tierra le brindan a ambos dos. Si Fátima es puro fuego en los pies, Moisés es un dechado de facultades que van desde los contorsionismos imposibles hasta la fuerza arrolladora de sus muslos, el batir de castañuelas inaudito, una expresividad a la altura de casi nadie y un sentir en flamenco que escasea (si pueden no dejen de ir a verlos al nuevo Tablao Los Amayas).

 

*Aclarar que el Pele no lleva corona, lleva sombreros o gorra caribeña, según se tercie.

 

 

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