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¿Por qué se merece el Oscar ‘La favorita’ antes que ‘Roma’?

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Tengo un amigo que sostiene que ‘Roma‘ de Alfonso Cuarón bebe mucho de ‘Cleo de 5 a 7’ de Agnès Varda. Este amigo mío sabe mucho de cine pero también sostiene, a su vez, que la película del mexicano es una gran película. Pues bien, yo creo que ‘Roma’ es una buena película pero que se vale de algunos efectos ya contrastados en el público que a menudo resultan, y que no se merece el adjetivo de maravillosa, grande, antológica, memorable. Por mi parte mantengo que la gran aspirante a Mejor Película en los Oscar es ‘La favorita‘ de Yorgos Lanthimos, por muchas razones de peso.

Blanco y negro o color. Austeridad versus fastuosidad. El blanco y negro es ya un manoseado truco para esconder las graves dificultades que presenta hacer una película de época en color. El blanco y negro maquilla y ya da una sensación de nostalgia que no es fácil reproducir en color. Lanthimos por su parte no tiene miedo a hacer una película de época a color y con las exigencias de las grandes producciones, con el riesgo que eso entraña, concretamente basada en unos personajes del siglo XVIII. Más caro, más riesgo.

Las historias menores frente a las mayores. Otro recurso que ya se exprimió en la Novelle Vague es usar las historias menores para contar la deriva social de todo un tiempo. Pero igualmente es exponerse menos porque una película que narra unos hechos concretos siempre tendrá la lupa del espectador de si responde a lo que ocurrió originalmente o no. En cambio fijarte en una familia de clase media más en el México de los sesenta-setenta es bastante extensivo a millones de latinos de esa época que tendrán muchas referencias.

La mujer. Ambas películas son protagonizadas por mujeres pero quien pone la carne más en el asador para lo bueno y para lo malo es Lanthimos, que tampoco hace una crítica social-política como Cuarón pero sí nos retrata el difícil sobrevivir de las mujeres empoderadas en aquellos tiempos de machismo indiscutible. Además de reflejarnos una realidad oculta, la del más que probable lesbianismo en las cortes europeas. Cuarón se deshace en enaltecer la callada y misericordiosa entrega del pueblo indígena al progreso social en aras de la independencia de un país. Algo más que tocado ya en otras películas.

La lentitud y la belleza. La lentitud, la parquedad de palabras o los planos sostenidos son las armas de ‘Roma’. Todo lo que no está dicho se deja sugerir y crea en el espectador culto la sensación de que sabe lo que ha querido expresarle muy profundamente el director. También es un truquejo que torna en bello una casa de barrio, pero es todo ilusión mental. Es un acto de egolatría del espectador. La narración nórdica ha ganado la partida a la latina, más profusa y barroca y éste es el caso. En este caso Cuarón sería el nórdico y Lanthimos el que no escatima en unos escenarios maravillosos para recrear la suntuosidad de la corte pese a que cuente la historia precisamente de una ‘trepa’. Un antagonismo a la empleada del hogar de Cuarón, que se humilla ante sus amos. Lanthimos realiza planos con ojo de pez que te tiran de espaldas. De nuevo su violencia te remueve, la de Cuarón te conmueve.

La lástima mejor que la soberbia y la crueldad humana. De manual. Mejor salir del cine lamentando la oscura hipocresía de la burguesía -para eso veo una de Haneke- contra la opresión del pueblo que fijarse en los poderosos y hacer un retrato certero de todas las confabulaciones que palpitaron sobre la historia con mayúsculas. Más arriesgado esto y con más necesidad de puntería. Preferir esa sensación de culpa y lástima es un gusto que se da la clase media europea a modo de confesionario. Y mañana a otra cosa.

Las metáforas y la pizca de surrealismo. Cuarón maneja un imaginario metafórico más fácil de descifrar. Esos aviones como lo inalcanzable, el coche ajustado al garaje como las economías de clase media aparentosas, las cacas de los perros que siempre recoge la sirvienta… En Lanthimos hay una fuerza original; los conejos como mascotas y símbolo de la frivolidad y a la vez el infantilismo de la aristocracia, como una falta de infancia que siempre tuvieron los soberanos. También están en ‘La favorita’ los bailes con momentos dance que por momentos recuerdan a ‘Langosta’ por la ida de olla de lo anacrónico, de lo surrealista, (recordemos que el hombre que firma ahora esta obra maestra es el autor de ‘Langosta’, quizá la mejor distopia surrealista de las últimas décadas).

Las interpretaciones: Retaría a cualquiera que haya visto ‘Roma’ a que me dijera si se ha puesto a mirar el elenco, y los nombres de sus protagonistas. No lo han hecho, no han querido recordar sus nombres. ‘Roma’ sólo es una sensación. En cambio nadie va a olvidar a Emma Stone en esta especie de ‘Barry Lindon’, ni a Olivia Colman ni a Rachel Weistz, de hecho nadie acertará a ver quién ha sido mejor en su papel. Las tres están inconmensurables.

Lo dicho; no hay color, el Oscar debe ser para Lanthimos. Nuevo rey Midas de Hollywood.

 

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