La Espera.

¡Qué chachi, La Chachi!

Acabo de llegar a casa tras ver junto a unos amigos el nuevo espectáculo de María del Mar Suárez ‘La Chachi’. Llevaba demasiado tiempo viendo flamenco clásico ajeno a una sacudida de transgresión tan vigorosa y tan cercana. Me ha encantado su punto punk, tengo que proclamarlo a los cuatro vientos (un poco tardío mi descubrimiento). Y  tengo que decir que para mí es esencialmente flamenca, sin discusión, me la apropio. Estando claro que la danza contemporánea es otro ingrediente indiscutible.

Si bien, su propuesta ‘La espera’ adolece de algunos momentos de bajada de tensión en la dramaturgia y quizá necesite diez minutos más de obra (o dos cantaores/as bien hechos a tocar las palmas y darle más enjundia a la propuesta), su montaje crece y crece en los textos y aún más en su baile diabólico, como de una mezcla perfecta entre las raves ochenteras, la locura incardinada de unos tangos o unas bulerías y un filete de ternera bien hecho a las cuatro de la mañana.

Me parece que el tándem que forma con Paloma Peñarrubia es de aúpa y que el flamenco vuelve a mostrar caminos inescrutables con la electrónica y la poemas de Nestore y esas otras buenas fuentes teatrales y poéticas que son Alessandra García y Violeta Niebla. ‘La Chachi’ ya reina en los escenarios de salas de teatro del país para decirnos que el flamenco sólo tiene dos siglos y es tan moderno como cualquier otra cosa que se quiera y tan profundo como una fosa abisal. En Málaga tenemos residiendo a alguien de quien presumir en la vanguardia escénica flamenca.

‘La espera’ se transforma al principio en el trasunto para bailar algo parecido a un martinete/seguiriya y todo lo que le echen a la de calle La Unión. Su cuerpo se hace chicle en cada revolcón de sumisión y rebeldía y es como una Santa Teresa de Jesús casi todo el tiempo, deseando ser martirio de Dios pero a la vez ángel de amor liberado.

Un triángulo de neón fluorescente como principal adorno de escenario va marcando la incandescencia de su pasión mientras Peñarrubia sueña y pincha pensando en la descarga de adrenalina que penetra a esa pantera vestida de Virgen dolorosa. El espectáculo termina de manera abrupta como en la performance improvisada que es casi todo el tiempo. Quizá un poco más, quizá suficiente. El caso es que se queda uno con ganas de más y eso, como siempre, es buena señal.

Idea original y coreografía; María del Mar Suárez.

Composición musical e intérpretes: Paloma Peñarrubia y María del Mar Suárez.

Texto: Ángelo Nestore.

Asistente de dirección; Alessandra García.

Dramaturgia: Ramón Gázquez.

Cante: Marian Llano.

Percusión y guitarra: Carlos Cortés.

Fotografía y dossier: Martín de Arriba.

Ilustración: Violeta Niebla.

Calificación: ♠♠♠♠ (sobre cinco).

 

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