Cristóbal Moya. Flamenco abierto.

Terremoto (flamenco) en Vélez

FOTO: Cristóbal Moya/Flamenco Abierto.

Este es un mundo de hombres
Este es un mundo de hombres
Pero no sería nada
Nada sin una mujer o una niña, ooh

Venía sonando en el coche a toda pastilla It’s a man world de James Brown. Las cuatro criaturas que me acompañan apretujadas en su interior hablaban de resacas y del mar cuando está Medi-terráneo. Íbamos en busca de una confirmación, la de que la música alimenta el alma. Un nombre nos imantaba hacia Vélez; María Terremoto, hija de Terremoto Hijo, nieta de Terremoto de Jerez. Heredera de una verdad en el cante flamenco. Una advocación como la Virgen del Carmen para varios marineros con espíritu de náufragos.

Con esas únicas coordenadas y el calor de la media tarde malagueña asomando por entre las casas solariegas de la que fue ciudad de perdición de Cervantes asomamos, una litrona mediante, a las puertas del Museo de Vélez, donde en un patio porticado de los que llenaría de gatos María Zambrano, y ahora estaba lleno de medio pensionistas, guiris y una mínima pandilla de hipster despistados, esperábamos para ver a la promesa hecha diosa. Su cante arreció de a poco. Como llegan los grandes amores. Principió por malagueñas y meció los altos y bajos como si estuviéramos subidos en una jábega pendientes de pescar el botín de El viejo y el mar.

A esas horas la niña del vestido blanco pareciera Circe que nos embaucaba por una malagueña canónica para no volver a Ítaca. Se metió por verdiales como si fuera una fiestera de Benamocarra y se destemplaron las columnas regias que soportaban la tarde. Entre el olor a jazmín llegó por soleá la buena nueva; Terremoto no ha muerto, sigue vivo en una voz, en una manera de decir el cante, de ser inmortal. Mejoró un lienzo del genial Paco Hernández cuando arrancó por seguiriyas y se transfiguró en portadora de dolor y sangre.

Aquí se produjo el momento más eléctrico del recital de la cantaora cuando a su alrededor se congeló la audiencia (con el calor húmedo que hacía), se detuvieron los envivos de los Iphone y no hubo más que su voz y las lágrimas de más de uno asaeteado por la fiereza de su queja. Béndita genética, bendita escuela, benditos los que llegan en nombre de la música a reparar corazones transidos de soledades y pérdidas. Fue maravilloso.

Seguía la bruja María hechizando por tangos, metiéndose a la gitanería en el bolsillo. Recorriendo Málaga con su afición y los ecos de la Repompa. Ya estaba todo hecho y lo sabía. Era como el torero que ya ha percibido la grandeza de su faena y ve cómo el toro baila y baila a lo que le marque su muleta. El público tronaba en cada requiebro en oles. La guitarra ovacionada, los palmeros piropeados. Había varios chiquillos que giraban sus muñecas y su cintura embebidos en el encantamiento de su voz. Una vieja gitana con la vida esculpida en sus arrugas se acercó a decirle algo al oído ante lo que María sonrió. Otro viejo amigo gitano de su saga le echó la misma bendición. Ella lo dijo: “qué maravilla de público”.

Tocó resplandecer por alegrías e ir montando la feria, para destilar Fino de Jerez por bulerías y echar la propina de los sabios por un solo fandango. Se fue presta entre un rumor de olas. Era una gran verdad que no hacía falta estirarla. Era como los amores intensos de verano que no merecen que los sorprenda el alba. Con el aforo rompiéndose las palmas de aplaudir y una sonrisa dibujada en la cara se marchó hacia Jerez, donde habitan los hombres más felices del país porque saben que allí un Terremoto es una fiesta.

 

(Dos peros: Uno para Circe o María Terremoto. Tiene que renovar el repertorio de letras, no le hace justicia a un padre que escribió cosas tan bellas y dos; no se puede dar un recital tan valioso, gratis. No se valora, no ayuda al flamenco, la gran joya musical del sur de Europa).

Y los marineros plegaron velas, tomaron rumbo a Ítaca y volvió a sonar la letra dentro del coche: It’s a man world…

 

 

1Comentario
  • Antonio Soler Rodríguez
    Publicado en 13:56h, 23 junio Responder

    Papá James Brown…maravillosa compañia hasta Vélez!

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