Samara Montañez y Eduardo Guerrero. Paco Lobato.

Eduardo Guerrero; músculo versus corazón

(La foto es de Paco Lobato)

Me va a costar mucho trabajo decir lo que quiero decir. Cada vez tiene uno más amigos en esto del flamenco y sincerarse es doloroso porque uno entiende que hay artistas que pueden encajar mal la crítica y son seres simpáticos y adorados por amigos comunes pero a pesar de ello yo pienso que tiene que ir siempre por delante la honestidad del periodista, sin faltar y sin perder de vista el enorme esfuerzo que se necesita para levantar cualquier espectáculo. Y que conste que uno puede estar equivocado, es una única opinión y no es salomónica. Faltaría más.

Hace dos noches me enfrenté a ‘Guerrero’, el espectáculo del bailaor gaditano Eduardo Guerrero que es como se anticipaba en la web del Teatro Cervantes de Málaga; Premio del Público del Festival de Jerez 2017. Nominado a los premios MAX 2018 al Mejor Espectáculo de Danza, Mejor Intérprete Masculino de Danza y Mejor Diseño de Vestuario. Dicho todo esto podría decirse que el montaje ya es un triunfo acreditado si bien como mero aficionado entiendo que la parte física del espectáculo, no he visto nada igual de impresionante por un bailarín/aor, enmascara una ausencia de algo elemental en lo flamenco, la contención y la emoción resultante.

Eduardo Guerrero ha ideado un espectáculo en el que no le falta hacer de nada porque jamás abandona el escenario y su baile lo llena todo de imágenes imborrables, posses infinitas, desplantes arrolladores, saltos, patadas de kárate, contorsiones varias y hasta reptar por el suelo. Dos mundos movían esta montaña rusa de sensaciones; las mujeres de su vida y su espíritu luchador contra las adversidades y se deduce que la aceptación de su sexualidad. Hasta ahí todo bien si no fuera porque la narratividad del show era desconcertante para mí, no sé si para mucha gente más, porque todo sea dicho de paso el público en general se volvió loco aplaudiendo al término del mismo (lástima la media entrada para un artista con este tirón mediático).

Siempre he pensado que es fundamental la dirección artística en un espectáculo y que correr demasiado no es bailar y hacer del cuerpo una goma de masticar tampoco. Hay bailaores que con sólo plantarse y dejar pasar tres segundos con los brazos en alto en una soleá ya demuestran una majestuosidad impagable. Se trata de los códigos de cada cante, de saber lo que se está contando. Creo que es necesario conocer eso y sobre eso hacer todas las diabluras que se le ocurran a uno. Ojo, no se trata de atacar la creatividad de la danza contemporánea frente a los museístico del flamenco. Digo que en una seguiriya debe dominar lo interno y el gesto debe ser hacia dentro, pienso yo. Saber qué se baila, saber lo que se está cantando. Renovar el cancionero de lo que se canta para ese baile… Todo eso es esencial. Y en ‘Guerrero’ hay algunos déficits en ello inexplicables.

Es quizá en las alegrías casi finales donde Guerrero ya con todo el derroche físico realizado se siente un poco más y siente a su Cádiz y para un poco esa enorme figura que tiene, motor inagotable, esbelto junco maravilloso al que sacarle rentabilidad en la templanza y no en la velocidad y el histrionismo casi permanente al que se entrega.

Podía apuntar otros detalles como que las voces son maravillosas en su poderío y transmisión pero a veces son excesivas en el tono, como en la parte final, y que al ser todas del mismo color crean una sensación de monotonía en lo musical pudiéndose crear variaciones si sus características hubieran sido diferentes. Al que creo enriquece ese mundo. Incluso una voz masculina le hubiera dado más juego.  Pero igualmente brillan en un derroche abrumador.

Dicho todo esto, discreta y acertada la escenografía, muy fresco el vestuario (recuerda al gran Joaquín Cortés) y muy solventes las dos sonantas de la noche. En definitiva, ya saben aquello del menos es más de Coco Chanel a lo que algunos pueden replicar que ahí está John Galiano y su barroquismo espectacular y tantas contra razones a lo que yo digo aquí. Pero insisto no es menos, es que lo que se diga aunque sea mucho esté bien dicho. El músculo nunca debe superar al corazón porque entonces pasamos a lo deportivo o lo circense, y el corazón es el único juez verdadero entre el espectador y el artista. Vamos, creo yo.

Guerrero

Idea original, coreografía y baile Eduardo Guerrero
Dirección musical y guitarras Javier Ibáñez Juan J. Alba
Artistas invitados al cante Anabel Rivera, Samara Montáñez y May Fernández

 

 

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